Lic. Raúl Vega Castellanos
Corría el año de 1962, la Guerra Fría entre la URSS y los EUA estaba en su climax, y la humanidad se encontraba al borde de su extinción debido a la guerra nuclear. La Crisis Cubana de los Misiles pudo haber precipitado una avalancha de ataques nucleares entre las potencias de no haberse solucionado gracias a la comunicación. Este momento de la historia es considerado como el más cercano a una guerra nuclear en forma, y la destrucción masiva que esto hubiese acarreado. En estos años un mensaje diplomático entre las naciones en conflicto tomaba aproximadamente unas seis horas en llegar a su destino.
Durante la crisis tomó a la Casa Blanca doce horas recibir y decodificar el mensaje de Nikita Kruschev, doce horas fue un tiempo peligrosamente largo en que los soviéticos se encargaron de enviar un nuevo mensaje, más amenazante este, demandando la remoción de misiles nucleares de Turquía so pena de declaración de guerra.
Se hizo evidente que la crisis se hubiera en gran medida evitado de haber existido comunicaciones fiables e inmediatas entre los dirigentes de ambas potencias. Como resultado de esto se creó la línea directa Washington - Moscú que en el futuro se conocería popularmente como el teléfono rojo. En este momento en la historia de la humanidad el Reloj del Apocalipsis se encontraba a 7 minutos de la medianoche.
Desde el año 1947 el Boletín de Científicos Atómicos crearon el llamado “Reloj del Apocalipsis”, también conocido como el “Reloj del Juicio Final”. Este es un símbolo que recuerda al público de la cercanía existente de una destrucción masiva con tecnologías creadas por el humano mismo. Se creó como consecuencia de la enloquecida carrera de armamento nuclear entre la URSS y los Estados Unidos quienes en aquellos años se embarcaban en el inicio de la Guerra Fría.
El reloj usa la medianoche como símbolo de la máxima oscuridad que significaría la destrucción total de la humanidad; inicialmente el reloj tomaba solamente en cuenta la amenaza nuclear para avanzar su minutero, pero desde 2007 los científicos han optado por incluir el cambio climático y avances tecnológicos que puedan suponer riesgos para la humanidad como el internet y la nanotecnología.
Históricamente y según los científicos encargados del Reloj, lo más alejados que nos hemos encontrado del invierno nuclear es en el año de 1991 cuando la manecilla se colocó a los 17 minutos para la medianoche, lo anterior debido al fin oficial de la Guerra Fría y la firma del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas que recortó los arsenales nucleares de EUA y Rusia.
En la actualidad nos encontramos más cerca del fin del mundo desde la fundación de este Reloj observador. El reloj ha quedado fijado a las 23.58 horas, sólo dos minutos para la medianoche. Únicamente en 1953 el reloj había estado tan cerca de la medianoche cuando la URSS y EUA mostraron al público sus primeras bombas termonucleares, con una capacidad destructiva desconocida hasta el momento. En aquel año los Estados Unidos decidieron llevar a cabo la bomba de hidrógeno, mucho más poderosa que cualquier bomba atómica, en el proceso obliterando una isla del Pacífico probando sus armas termonucleares. En aquel año el equipo de científicos del Boletín anunciaba: “Solo unos cuantos movimientos más del péndulo, y, de Moscú a Chicago, las explosiones atómicas golpearán a la civilización occidental llevándola a la medianoche”.
En este año los asuntos nucleares tomaron el centro de la palestra internacional nuevamente. En su declaración, la presidenta del Boletín, Rachel Bronson, culpó a la espiral descendiente de retórica nuclear entre el presidente Trump y el líder norcoreano Kim Jung-un, además de advertir que Trump debería abstenerse de provocar a Corea del Norte cuyas reacciones son a menudo impredecibles. Las relaciones de EE UU con Rusia y la gestión de Trump del acuerdo con Irán en el apartado atómico han contado también notablemente.
En comparación con otras épocas en que el reloj se situó tan cerca de la medianoche el respetado físico canadiense Lawrence Krauss apuntó: “Es difícil comparar con otras épocas.
Hemos hecho la declaración clara de que sentimos que el mundo se está volviendo un lugar más peligroso”. Ciertamente, desde el año 2010, en que se estuvo a 6 minutos, no ha dejado de acercarse el minutero a la medianoche. De manera extraordinaria, durante el 2017 se tomó por primera vez la decisión de adelantar 30 segundos el reloj tan sólo unos días después de la toma de posesión del presidente Trump, las solas declaraciones verborreicas del nuevo presidente electo bastaron para adelantar el reloj medio minuto.
Hoy él se ha convertido en el problema, principalmente a través de declaraciones públicas, que aunque no son hechos, igualmente calientan enormemente la situación. Declaraciones como que Japón debería tener armamento atómico para hacer frente a la amenaza de Corea del Norte o, el tuit del 22 de diciembre de 2016, en que Trump asegura que Estados Unidos debe fuertemente aumentar y expandir su capacidad nuclear hasta el momento en que el mundo recobre el sentido con respecto a las armas nucleares.
Junto al riesgo nuclear el Reloj del Apocalipsis también toma en cuenta el calentamiento global como una de las principales amenazas para la humanidad. El 2017 fue el más caluroso en los registros históricos y, de nuevo la administración Trump tiene un papel decisivo en el asunto, ya que entre sus filas hay encarnizados negadores del cambio climático además de tener la intención de abandonar los Acuerdos de París.
Los esfuerzos para reducir los arsenales nucleares se han estancado en los últimos 15 años. Mientras los EE UU y Rusia mejoran sus depósitos atómicos, otros países con armas nucleares como Reino Unido, Francia, China, Pakistán, India, Israel y Corea del Norte, se unen a la locura endemoniada de la modernización nuclear, que además es cara y enormemente peligrosa. Sólo en los próximos diez años Estados Unidos gastará 355.000 millones de dólares para mantenerse a la vanguardia armamentística.
Ante todo lo anterior conviene pensar en aquellos años previos a la escalada atómica, aquellos años en que la humanidad no se había dado razones a sí misma para esperar su autodestrucción.
Aún en el supuesto de que se concrete el mentado desarme nuclear de Corea del Norte siempre nos queda el peligro latente de que el presidente Trump eche por tierra el acuerdo nuclear con Irán apoyado por Israel.
Sea como sea el invernó nuclear parece estar constantemente a la vuelta de la esquina, más aun si tomamos en cuenta que hay diez países confirmados con arsenal nuclear y un grupo cada vez mayor de Estados ansiosos de integrarse a la carrera nuclear. Parece ser que la humanidad está condenada a perecer bajo el peso de su estupidez la cual como dijo Albert Einstein, padre de la fisión nuclear, al igual que el universo, es infinita. Y del universo no se encontraba tan seguro.