Ser chofer en Chilpancingo, riesgo de vida

Los conductores de taxi o combi han sido blanco de la violencia desmedida en los últimos meses

Chilpancingo, Gro.- Ser chofer de un taxi o de una combi del transporte público se convirtió en uno de los oficios más peligrosos en Chilpancingo. No es una exageración. Del 8 de julio al 18 de agosto fueron asesinados al menos 16 choferes de rutas locales y foráneas. A seis los quemaron dentro de sus unidades.

Pero ¿por qué los están matando? Un chofer, al que no identificaremos nos ayudará a entender por qué se desató esta violencia desmedida en su contra; lo que implica subirse todos los días a un taxi o una urvan en un territorio en disputa.

“Nos atacan porque tanto un grupo como el otro piensa que somos vigilantes, que andamos llevando y trayendo información y no es así. Los Ardillos piensa que nosotros tenemos trato con Los Tlacos o con el gobierno, pero nosotros no hacemos acuerdo con nadie, los que hacen los acuerdos son los líderes, ellos tienen acuerdos con el gobierno municipal, con el gobierno estatal y eso nos afecta a nosotros como choferes.

Crisis de violencia

Los ataques y asesinatos contra el transporte público forman parte de una nueva crisis de violencia y política que se desató en la capital.

No hay un punto exacto de cuándo comenzó esta nueva crisis, pero sí de cuándo se desbordó. La madrugada del 24 de junio, siete cadáveres desmembrados fueron dejados frente a la iglesia de San Mateo. Con los cadáveres dejaron mensajes contra la alcaldesa, la morenista Norma Otilia Hernández Martínez, y el síndico Andrei Marmolejo Valle.

Luego se difundieron fotografías y audios donde la alcaldesa tiene un encuentro con un hombre armado al que las autoridades identificaron como el líder de la organización criminal Los Ardillos, Celso Ortega Jiménez.

El sábado 8 de julio inicio la cacería contra los choferes. Asesinaron a cuatro en Chilpancingo, dos fueron quemados dentro de sus taxis; en Tixtla fue asesinado uno en una camioneta mixta. Esa vez lanzaron granada contra otras dos unidades y atacaron a uno más en la ruta Chilpancingo-Chilapa, quien quedó herido, así como cuatro pasajeros.

Después la ciudad se hundió en la crisis: el lunes siguiente unos 3 mil pobladores de comunidades de Chilapa, Quechultenango, Mochitlán y José Joaquín Herrera, el bastión de Los Ardillos tomó la capital, y de inmediato las calles se vaciaron, los comercios cerraron, el transporte público se suspendió. El miedo se apoderó de la ciudad.

La cacería no terminó, el 12 de julio fue asesinado otro chofer de un taxi en Tixtla, que fue quemado dentro de la unidad. El 29, en la autopista del Sol asesinaron a un operador de la ruta Mezcala-Chilpancingo. Al día siguiente, otros dos fueron asesinados en Tixtla, eran de la ruta Copalillo-Chilpancingo. Otra vez los quemaron en sus unidades.