Puerto Vallarta, Jal.- Las embarcaciones fueron amarradas y colocadas sobre tierra firme este sábado. En Puerto Vallarta la calma parecía imponerse, pero la amenaza del huracán Simón mantenía en alerta a habitantes, comerciantes y turistas, ya que el pronóstico era de que tocara tierra como categoría 3.
En las tiendas de autoservicio, familias y visitantes acudieron para abastecerse de agua embotellada, papel higiénico y alimentos enlatados, con la intención de contar con provisiones suficientes ante posibles afectaciones y dificultades para salir de sus viviendas.
“Estamos comprando agua y comida porque no sabemos qué pueda pasar cuando llegue el huracán. Es mejor estar preparados y no tener que salir cuando las condiciones empeoren”, comentó un habitante.
La incertidumbre se trasladó a las gasolinerías, donde se formaron filas kilométricas devehículos particulares y unidades de distintos tipos.
Algunos conductores cargaban combustible, mientras otros llenaban bidones para contar con reservas durante la emergencia.
Mientras tanto, este sábado las calles de la zona turística permanecían semivacías. En plena temporada baja, pequeños grupos de personas caminaban hacia las paradas de transporte público para abordar camiones y alejarse de las playas. El movimiento contrastaba con la actividad habitual de un destino turístico acostumbrado al tránsito de visitantes y al bullicio de sus establecimientos.
La emergencia también alcanzó las operaciones aéreas. El Aeropuerto Internacional de Puerto Vallarta informó sobre la cancelación de vuelos de distintas aerolíneas para sábado y domingo.
En el malecón y las calles comerciales, los trabajadores continuaban con las labores de protección. Tablas y otros materiales eran colocados sobre puertas y ventanas para reducir los daños que pudieran ocasionar los fuertes vientos.
Entre la preocupación por dejar sus hogares y el alivio de llegar a un lugar seguro, 76 personas provenientes de los pueblos pesqueros Quimixto y Yelapa fueron evacuadas ante la proximidad del huracán Simón. Mujeres, niñas, adultos mayores, personas extranjeras y hasta mascotas formaron parte del grupo que fue trasladado por la Secretaría de Marina.
A bordo del ferry naval, las personas dejaron atrás sus comunidades con las pertenencias que pudieron llevar consigo. Para algunos, el traslado significó alejarse temporalmente de sus casas; para otros, especialmente quienes viajaban con niñas o adultos mayores, representó la posibilidad de enfrentar la emergencia lejos de la costa.