Rodeadas de paredes cubiertas con todo tipo de ilustraciones, "Katyte" y "Gypsy" preparan las tintas, el papel hectográfico y las agujas para plasmar una imagen permanente en las pieles de las dos clientas que esperan pacientes. "Némesis" corre de un lado a otro ofreciéndoles té y dulces.
El Taller de Tinta y Sangre inició en 2014 y ha sido el lugar de trabajo de varias tatuadoras. Desde el año pasado está ubicado en la calle Donceles, colonia Centro, en la Ciudad de México. Es el primer estudio en esta metrópoli donde sólo laboran mujeres, según su creadora. Actualmente el equipo está conformado por ocho tatuadoras.
Su fundadora, conocida en el mundo del tatuaje como "Némesis", de 30 años, comenzó "formalmente" hace cuatro y aprendió a tatuar de forma autodidacta, lo cual recuerda como un proceso arduo y tardado.
Cuando empezó a incursionar en el mundo del tatuaje, observó sus prácticas y había muchas "cuestiones" que no le parecían correctas. La mayoría sobre la relación entre cliente-tatuador. Muchas veces, ejemplifica "Némesis", observaba la falta de conexión entre ambos para llegar a acuerdos respecto al diseño.
Además, estaba el trato al cliente, pues muchos tatuadores consideran la piel como un simple lienzo, sin importarles dar un significado real a su trabajo. A "Némesis", dice, no le gusta referirse así al cliente, pues se da brinda un servicio, pero "no se debe perder el contacto con el otro".
También observó que las imágenes tatuadas son repetidas constantemente y en Tinta y Sangre lo que se hace es ayudar a las personas a encontrar diseños originales que vayan con lo que realmente están buscando.
Un factor decisivo para ella fue la desigualdad que se apreciaba dentro del ámbito. La mayoría de tatuadores a los que conoció en los estudios eran hombres y, afirma, no hay tantos lugares en donde las mujeres puedan desarrollar su talento.
"Tristemente las oportunidades para entrar como mujer al medio del tatuaje son más complicadas, porque a pesar de que se ha abierto muchísimo y hay muchas tatuadoras muy buenas, es un ámbito que, como muchos otros, ha sido dominado siempre por los hombres", afirma.
Esta situación se refleja en una base de datos de la Secretaría de Salud donde de los 521 tatuadores que solicitaron su Tarjeta de Control Sanitario entre 2016 y 2017, había registrados 368 hombres y sólo 153 mujeres.
Actualmente, el oficio del tatuaje sigue siendo relacionado al género masculino. "Némesis" explicó que es una idea cultural que se arrastra desde que el tatuaje empezó a practicarse por los presidiarios en las cárceles. "Si estabas tatuado implicaba haber estado en la cana [cárcel] y eso te daba un rango. Siempre era relacionado a actos delictivos y quienes más cometían esos actos eran los hombres".
Por otra parte, en Tinta y Sangre el talento es lo que cuenta. "Katyte" se enteró del taller por medio de una convocatoria publicada en redes sociales, y "le llamó la atención" porque "no pedían experiencia".
"Némesis" explica que lo que no se pide es una cantidad de tiempo determinada, pues "las personas talentosas se ven limitadas por ese requisito, en este y en otros ámbitos".
Además, en pro de la igualdad, Némesis declara que no se busca desdeñar al otro género. "Una vez leí un comentario en el que decían que qué importaba si era hombre o mujer el que tatuaba, lo que importaba era el resultado final, así como a nosotras no nos importa tatuar a hombres y a mujeres". Afirma que, aunque no tengan de primera mano información sobre algún estudio similar, esperan motivar a más gente a realizar su propio proyecto.