La experta explicó que factores como arrugas, acné, cicatrices o vello excesivo influyen en la decisión de recurrir a procedimientos estéticos, en un contexto donde el concepto de belleza se encuentra cada vez más alineado a patrones sociales y culturales.
Indicó que desde la primera consulta médica es fundamental conocer las motivaciones del paciente, ya sean físicas o psicológicas, incluso derivadas de la influencia de redes sociales, para determinar si la intervención puede contribuir a aliviar el malestar emocional.
Ramos Rocha señaló que cuando existe una carga psicológica importante, las expectativas sobre los resultados suelen ser elevadas, lo que obliga al especialista a actuar con responsabilidad, brindar información clara sobre riesgos y, en su caso, objetar el procedimiento si no es conveniente.
Añadió que una de las principales críticas hacia la cirugía estética es que muchas personas que recurren a ella están sanas y buscan modificar su apariencia por deseo, el cual puede transformarse en una fuente de placer.
La académica enfatizó que el cambio de apariencia impacta directamente en la calidad de vida del individuo, pero también está condicionado por factores culturales, lo que explica la creciente demanda de estos procedimientos en diversas regiones del mundo.
Y advirtió que situaciones como problemas de salud mental, desinformación o incluso presión social pueden llevar a las personas a someterse a intervenciones complejas, fenómeno que se observa tanto en América Latina como en Asia, donde incluso se ha documentado una "occidentalización" de los rasgos físicos mediante cirugías como el agrandamiento de ojos.