1968

Cumplir cincuenta años es y será siempre simbólico. En este año, cinco décadas se cumplen de aquel mítico año en que el mundo cambió.

Tres acontecimientos, tres tragedias, tres gritos de rebeldía, tres acciones de jóvenes idealistas, tres represiones, marcan con baldosas de sangre el camino al futuro que se abrió en aquel entonces que, hoy por hoy, no se olvida, pero tampoco cambia nada, al contrario.

En Checoslovaquia se dio un movimiento de transición a un “socialismo con rostro human”, al decir del Presidente Dubcek, quien planteaba ampliar las libertades que el comunismo había impuesto en los países que se colocaban bajo el cayado de la Unión Soviética, como Hungría, Polonia, Bulgaria y la República Democrática Alemana.

La capital, Praga, fue escenario de manifestaciones de todo tipo, estudiantiles fundamentalmente, que apoyaban la transformación, siempre bajo los ideales del socialismo, a un régimen donde el ciudadano ganara espacios al Estado. La respuesta fue la firma de la Declaración de Bratislava, por los países afines al comunismo totalitario soviético, acordando que cualquier intento de pluripartidismo tendría que ser sofocado. Así, en agosto de 1968 las calles de Praga fueron invadidas por los tanques que acallaron así los intentos de cambio.

Por su parte, en mayo de ese mismo año, bajo el grito de “Prohibido prohibir”, los estudiantes universitarios se alzaron, buscando cambios en Francia, regido en ese entonces por Charles De Gaulle, héroe de la Segunda Guerra Mundial, apegado a una tendencia de derecha en cuanto a su ideología política. Hubo represiones violentas, con muertos, heridos y apresados. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en otros lugares, De Gaulle tuvo la sensatez de convocar a elecciones anticipadas, cuando se dio cuenta que los ánimos de los defensores de la República (partidarios del gobierno) y los socialistas llegaban a niveles a punto de explotar.

En México se da un movimiento estudiantil, sobre todo en la Universidad Nacional Autónoma de México que lleva, en el fondo, el sentido de buscar un cambio democrático en el país, la ampliación del espectro de libertades y derechos civiles y políticas, el combate a la pobreza y un cambio en el ejercicio del Poder, que de manera hegemónica mantenía desde décadas atrás el Partido Revolucionario Institucional.

El 2 de octubre de ese año los mecanismos de control del Estado masacran a los estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas, tratando de acallar las voces que clamaban por la transformación.

Comunistas, derechas e intermedios, todos saben de sofocamiento de ideales y represión, como nos enseña 1968.

Hoy, a cincuenta años de distancia, varias de esas voces de entonces llegaran en nuestro país al gobierno el próximo 1 de diciembre; otras ya están en el Congreso de la Unión, presentando iniciativas que atacan las libertades y avances democráticos logrados en cincuenta años. Mucho nos recuerdan a los cerdos revolucionarios del relato de George Orwell, “Rebelión en la Granja”, donde, con el paso del tiempo, estos héroes de los animales se transforman en aquello que más odiaban y había sido la causa del alzamiento.

Presidente de la República y ambas Cámaras legislativas con mayorías propicias al jefe del Ejecutivo es, exactamente, el escenario en que se dio el alzamiento de 1968, donde la voluntad presidencial era absoluta. Estamos en la antesala del Neopresidencialismo, eso que tanto queríamos desterrar.

Hoy, como nunca, el totalitarismo vuelve a guiñar su ojo, muy de cerca, a nuestra tan maltraída república. Una cuarta transformación con los pies plantados en el pasado no es necesariamente buena.

Mayo de Paris, Primavera de Praga, Tlatelolco en México. ¿Habremos aprendido algo, a cincuenta años de distancia?