Se cumplieron dos meses de la victoria de Andrés Manuel López Obrador, que comenzó un proceso de transición atípico: institucional, ocupando todo el espacio público, tratando de avanzar lo mas posible, reuniéndose con empresarios, embajadores, equipo de trabajo y en diversas ocasiones con Enrique Peña Nieto, que ha recibido un trato bastante cordial del presidente electo.
Definitivamente, las expectativas son altas, según un estudio de Parametría, López Obrador tiene el 71 por ciento de aprobación, la más alta en el siglo XXI. El mayor cambio es en el plano simbólico: austeridad. Igualmente, ha caído en algunas contradicciones; la consulta del nuevo aeropuerto, por ejemplo. Aquí me pregunto: ¿cuáles son los proyectos que se consultarán? No puede, ni debe manejarse con un doble rasero. Si pretende transitar a la democracia directa, o participativa, que sea de una forma ordenada e informada, no por conveniencias.
Concibo, pues, que la resistencia a los mega proyectos la encontramos en el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional y, por tanto, algunos pueblos originarios advirtieron posibles ecocidios. Los partidos políticos perdedores aún no se reponen de la aplastante victoria y la partidocracia esta disminuida ante la conquista del Movimiento de Regeneración Nacional. De manera que la oposición esta localizada en el ala conservadora de la sociedad, sectores críticos de la izquierda y los defensores del modelo neoliberal.
Erróneamente, los detractores de AMLO quieren construir un relato sin fundamento, equiparando su próximo gobierno con el autoritarismo del Partido Revolucionario Institucional e incluso con la categoría histórica de dictadura. Tendrían que leer algunos conceptos básicos de la Ciencia Política para no cometer estas equivocaciones. Giovanni Sartori, definió al régimen del PRI como hegemónico, sin competencia ni pluralidad, un sistema de partido único. Morena ganó en democracia, 30 millones de votos lo respaldan, fue una elección competitiva y plural. Siguiendo la clasificación de Maurice Duverger, el sistema de partidos en México es actualmente pluripartidista.
Efectivamente, el movimiento que encabeza Andrés Manuel obtuvo mayoría en las cámaras. Así funciona el sistema presidencial. Con el resultado que alcanzó el tabasqueño no tiene pretextos de parálisis legislativa, la relación entre el ejecutivo y legislativo debe ser cordial, jamás de subordinación.
La izquierda electoral (Morena, PT, PRD, Movimiento Ciudadano) tiene la obligación de aprobar la agenda progresista (aborto legal, muerte asistida, matrimonio igualitario, despenalización de la marihuana y diversidad sexual, por mencionar algunos temas), es ahora o nunca.
Constantemente, López Obrador y algunos de sus colaboradores han anunciado el fin del neoliberalismo, que comenzó con el triunfo de Miguel de la Madrid, se profundizó con Carlos Salinas (integración económica con América del Norte), lo continuaron Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón. Posteriormente Enrique Peña Nieto penetraría el modelo con el Pacto por México (hegemonía neoliberal) y la aprobación de las reformas estructurales.
Durante tres décadas el Revolucionario Institucional y Acción Nacional se entendieron para mantener el modelo, las élites políticas y económicas se favorecieron de las privatizaciones, unos cuantos concentraron la riqueza, y la desigualdad se incrementó.
Históricamente, la simple victoria rompió el ciclo neoliberal. De modo que el problema es hasta donde podrán revertirlo. Juan Mario Solís Delgadillo, profesor de la UASLP, me explicó que el neoliberalismo triunfó culturalmente, sus valores predominan en la sociedad: individualismo, competitividad y consumismo.
La revolución conservadora que comenzaron Margaret Thatcher y Ronald Reagan heredó un legado comprobado; el libre comercio. El Consenso de Washington no se equivocó al asegurar que el intercambio comercial tiene sus beneficios. Es un hecho. Todos los presidentes de la izquierda América Latina lo respaldan.
El nuevo gobierno impulsa el libre comercio, Marcelo Ebrad, próximo canciller, declaró que diversificaran los mercados, en específico en Asia y Latinoamérica. Es complicado (casi imposible) abandonar de golpe el modelo neoliberal.
La integración con América del Norte es en todos los ámbitos. El equipo de transición ha expuesto que no renacionalizarán los energéticos, el poder económico venció este rubro. Recordemos las palabras de Salvador Allende: “ganar las elecciones no es ganar el poder”.
Las elites económicas darán la disputa para mantener el orden establecido, no quieren perder sus privilegios. Finalmente, el Estado intervendrá, se acabarán las privatizaciones y se fortalecerá la educación publica, salud y derechos sociales. Del 2018 al 2024 se podrá transitar a un posneoliberalismo, moderado y con matices.
Twitter: @francotiradort1
Israel López Monsiváis /
política y aministración pública