Dejo que corra el tiempo mientras dan las 7pm y aprovecho para reportarme con mi yo de día. El que sube y baja las escaleras, decide el menú o hace llamadas mecánicas para que la vida siga sobre sus rieles.
Unos rieles diferentes a los que sostenían la Línea 12 del Metro de la CD de Mex. Rieles flojos que dejaron caer ballena y vagones sobre la circulación vehícular.
Mientras mato los cortos minutos que queden para mí siguiente compromiso, escucho a la Jefa de Gobierno en el radio: el temple en su voz y la seguridad con la que se planta para responder al reportero quien toma lista de los compromisos contraídos -ain sin cumplir- con víctimas, ciudadanos y usuarios y me digo, que seguimos viviendo “incidentes” -como ella le llamara hace 360 días aprox- con las consecuencias que la mayoría hemos conocido a través de los medios de comunicación.
En algún momento cuando brincamos de siglo parecía o yo creí, que México se iba componiendo. Teníamos gente preparada, sin embargo no fue suficiente para administrar la riqueza de nuestro país con honestidad y cabalidad. Hoy vivimos el desplome de lo que pudo llegar a ser mientras el ejecutivo en turno gracias al pueblo -ese que llama “bueno”, desmantela instituciones, sistemas y organizaciones. No solo quiere transformar sino refundar al país a como de lugar. No importa si ello se van vidas de niños, empleos y seguridad en calles y comunidades o zonas residenciales.
El tiempo voló y termina el día. Regreso a casa y me toca de frente una luna menguante para no perdérsela. Al menos la vida puede dar un giro de 360 grados para mostrarnos que, a pesar de la ineptitud de la que somos conejillos de indias, el universo está ahí para enseñarnos lo pequeño que somos ante su grandeza
Seamos felices o al menos intentémoslo.