[Etiquetado claro: Este artículo es sobre elecciones, y no contiene argumentos sobre el COVID-19 ]
Quienes tenemos algunos lustros -o décadas- participando en procesos electorales, sea como votantes, funcionarias(os), observadoras(es), promotoras(es), candidatas(os) o analistas, podemos dar un fehaciente testimonio de que cada proceso electoral es ligeramente distinto de una ocasión a otra, pero que ha cambiado significativamente en el mediano y largo plazo. Si me permite honestidad -aunque más que permitírmelo, debería ser una obligación mía- debo reconocer que cada una de estas lecciones quizás merece una entrega por separado. Sin embargo, quiero ponerlas a su generosa consideración ya que nos encontramos en un tiempo muy propicio de realizar algunas reflexiones sobre aprendizajes que no considero obvios o evidentes y que pueden ser de gran relevancia para observar e interpretar de forma distinta los hechos que están por venir. Sin más preámbulo, le comparto 7 lecciones que aprendimos del proceso electoral 2018.
1. Los problemas definen contenidos de campaña. Considere usted que el contenido del discurso de campaña suele estar definido por los temas comunes, los de siempre: educación, salud, empleo, seguridad, servicios públicos, corrupción. Si bien en ocasiones cuesta mucho trabajo lograr identificar algún posicionamiento diferenciador, es decir, que represente una ventaja significativa con respecto a lo que dicen todas las personas que participan en una candidatura, la verdad es que resulta cada vez más clara la influencia de la discusión de los problemas públicos -algunos conyunturales- de mayor notoriedad. Sugiero prestar atención a los temas que se discutirán en la opinión pública durante los siguientes cuatro meses, ya que sobre éstos se definirán los temas de campaña.
2. Los debates como escaparate. Hubo un tiempo que, en el nombre de la equidad de condiciones en la contienda, los debates organizados por la autoridad electoral eran tan rígidos, que difícilmente aportaban elementos de calidad para que la ciudadanía tenga mejores elementos para reflexionar el sentido del voto. Y a pesar de que prevalece cierto escepticismo sobre la relevancia que tienen los debates para definir ideas claras sobre los estilos de gobierno, es indudable el enorme interés público sobre los mismos. Soy de la idea de que si logramos flexibilizar estos ejercicios, podremos conocer mejor a las personas, más allá de los discursos sobreentrenados.
3. El dinero incide, pero no determina los resultados. Como Usted sabe, en México las campañas se financian predominantemente con recursos públicos que Usted y yo pagamos; y se asignan con una fórmula mixta que distribuye una parte de forma equitativa entre todos los partidos, y otra de forma proporcional a la cantidad de votos que los partidos recibieron en la elección anterior. Si bien puede decirse que los partidos no reciben la misma cantidad de recursos, también existen evidencias suficientes para poder demostrar que quien recibe más recursos, no siempre gana elecciones. Cualquiera puede ganar. En serio, cualquiera -lo digo en el sentido respetuoso de la expresión-.
4. Hay algo más allá de la paridad. Tenemos la buena noticia de que existe la obligación a los partidos políticos de postular a la misma cantidad de mujeres y hombres en las candidaturas con las que habrán de participar en la elección. Sin embargo, tenemos dos grandes pendientes en este asunto: que también se garanticen a las mujeres los medios y condiciones para poder hacer campaña, y evitar a toda costa la violencia política por razón de género. Todavía nos resta mucho por hacer.
5. Llegará el día en que no necesitemos del PREP. Allá en los tiempos en que se caía el sistema, el vacío de información entre el cierre de casillas y la declaración de ganadores en los cómputos requirió de ser llenado con un programa que mostrara los resultados conforme van llegando a las sedes electorales. Desde entonces el PREP ha sido una herramienta útil, pero con algunas limitantes en su diseño. No arroja resultados oficiales y no sirve para conocer a los ganadores ante una contienda relativamente cerrada. Es muy importante contar con esta información para poder gozar de tranquilidad en la plaza pública. Pero no falta mucho tiempo para que los métodos de conteo rápido y la agilización de los cómputos tengan la posibilidad de ofrecer resultados confiables y certeros en muy pocas horas.
6. El fraude es boomer, las fake news es lo de hoy. Me costó algo de trabajo entenderlo, pero resulta que “boomer” es un adjetivo empleado de forma reciente para referirse a algo o alguien que se muestra resistente u opuesto a las ideas de las nuevas generaciones. Dicho lo anterior, una cosa son los delitos electorales que se intentan realizar durante la jornada electoral, y otra es la maquinación sistémica para simular un evento electoral y manipular sus resultados. El día de hoy, los mayores peligros contra las elecciones no se encuentran ahí, sino en la divulgación de información falsa que busca incidir en el ánimo o el sentido del voto de las(os) votantes. Nuevos peligros acechan.
7. La traducción política es importante. La legitimidad del sistema electoral en nuestro país depende de la amplia comprensión pública de cada una de sus reglas y etapas. En la medida en que partidos y autoridades construyan descripciones claras sobre el funcionamiento de los procesos electorales, se gozará de mayor compromiso y confianza de la ciudadanía que es protagonista y vigilante de estos que pertenece a todas(os).
Tenga la bondad de pensar en estas líneas y discutirlas cuando quiera y pueda. Es una invitación formal a dialogar.
Twitter. @marcoivanvargas