Oigo esas voces como un eco lejano de la mía. La mía que hace meses se quedó sin una razón para trasmitir el temor por muchos compartido.
Me quedé sin esa angustia de las clases medias, ante la posibilidad de una forma de gobierno que trastocar nuestra vida tal como la conocíamos.
No fue una epifanía ni nada similar. Sólo me di cuenta que la victoria de LO era un tren que ya estaba en marcha; imposible de parar.
Veo con mesura las redes y los chats en los que es impensable dejar de recibir una y otra vez lo que las mismas personas mandan a uno y otro sitio: los mismos memes, los mismos miedos disfrazados de chiste, la misma comicidad, los mismos ataques, el mismo profundo desconocimiento que tenemos todos: lo mismo, lo mismo.
Me cansé de esa repetición y de dedicar mis minutos o tal vez mis horas a revisar seudo argumentos a favor de unos y de otros. Mi argumento es muy sencillo: si hoy nos lamentamos de que la votación no favorezca a nuestro preferido o al menos malo, es quizá porque nunca metimos las manos para que esto no llegara a tal punto.
Esta vez gana sí, el pueblo porque el candidato es o fue, un candidato populista que supo canalizar la sensación de carencia y marginación que mezclada con el resentimiento se acumuló en esta generación y
por décadas.
Ganaron las masas por simple aritmética demográfica: la base de la pirámide social que mal que bien, ha entendido la fiereza que tienen las multitudes cuando confluyen en un sentimiento en común o cuando tienen poco o nada que perder.
Los demás estratos sociales no hemos estado en sus zapatos y aunque hemos perdido mucho en las últimas décadas, no hemos llegado al nivel de hartazgo necesario para derrocar al sistema que desde su perspectiva los tiene o bien aplastados o bien olvidados.
Resultado de sexenio tras sexenio de promesas incumplidas, de malestar social, de inseguridad pública, de abuso de poder, de corrupción, de contubernios con las mafias locales y nacionales; de favorecer elites y olvidarse que todos, sabemos que todos, vamos en el mismo barco llamado México.
No tengo miedo pero tampoco sé si vamos a tener más de lo mismo pero con otro estilo y otros protagonistas. Pero como el tren no pudo detenerse antes de ayer, prefiero creer que por fin alguien va a intentar hacer las cosas mejor que los anteriores y en ello van mis deseos y mis pensamientos.
Puede ser que me equivoque pero no estoy dispuesta a sufrir antes de tiempo. Y si no me gusta lo que muestra pues entonces me uniré a esas voces, no para dolerme sino para que juntemos ahora sí nos unamos en torno al bien común.
Y quizá después de todo este razonamiento, lo que haya detrás como muchos creen, sea un pacto para que el Movimiento de Regeneración Nacional sea una versión “actualizadamente” populista del viejo sistema que en teoría deja el poder al final de este año. ¿Cómo saberlo? Al tiempo… esperando no estar a destiempo.
una vez aprendida la lección nos dediquemos cómo podamos y cómo pudieron otros, a tomar el timón.
Mientras, dejemos de lamentarnos por lo que no hicimos a tiempo y con la fuerza que se requería.