"El hombre de la calle vive en un mundo que para él es “real”, […] y “sabe”, con distintos grados de certeza, que ese mundo posee tales o cuales particularidades".
P.B & T.L
Nicolás Abbagnano, en su Diccionario de Filosofía (1961) señala que, con el término “realidad” se designa el modo de ser de las cosas en cuanto que existen fuera de la mente humana o con independencia de ella (p. 988).
Con esta definición sobre la realidad, se entiende que hay cosas que existen más allá de nuestra voluntad, con independencia de nuestro interés y de nuestro deseo.
El tema es, que si aceptamos como cierto esta definición y observamos nuestro acontecer, nos enfrentamos a la cuestión de, ¿cuál es, entre tantos dichos, la realidad en relación al COVID y sus efectos sociales?
Lo decimos en relación a que, por una parte, nos encontramos con un discurso que apela a una serie de medidas, como la distancia social, para evitar el contagio pero, por otra parte, observamos una serie de acciones y discursos que contradicen este planteamiento; como lo es el caso de las actividades que convocan a grupos de personas o, como lo es el caso de los discursos en los medios que se cuestionan en relación al mismo tema.
La idea que aquí se plantea es que se ha generado, con todo propósito, un caos de información en relación a la pandemia con el interés mismo de sacar provecho de ese caos en la lucha por el poder.
Tenemos, por una parte, el discurso del gobierno federal que nos informa de “la realidad estadística” sobre los efectos del COVID y las medidas sociales que, derivadas de esta realidad estadística, son consecuencia lógica para implementarse bajo el argumento de que tales medidas nos permitirán superar el desafío que este mal nos reclama.
Por otra parte, tenemos el discurso de autoridades estatales que cuestionan abiertamente las cifras estadísticas que maneja el gobierno federal y plantean que esa no es “la realidad-real” y, en consecuencia, cuestionan las políticas o las medidas que el gobierno federal pretende para la contención de este fenómeno de salud social y plantean, a su vez, otras medidas pero, fundamentalmente, otras necesidades (sobre todo económicas) para implementar políticas públicas.
Por si fuera poco, aunado a este “discurso-crítico” de algunas de las autoridades estatales, está el discurso de algunos líderes de opinión tanto a favor como en contra del discurso federal.
Si bien esto que se describe no es inédito sino más bien del dominio público, lo relevante es que en este contexto están muriendo nuestros seres queridos, nuestros vecinos, nuestros compañeros… en este contexto vivimos la angustia de lo imposible para procesar el dolor que significa perder a quienes se quiere. Y, aún más, es este contexto una amenaza de muerte en medio de tal caos.
En este río revuelto nos hemos convertido en cifras para las partes que disputan el poder.
Nos encontramos ante un uso indiscriminado de “datos” sobre la realidad; datos utilizados para construir verdades a modo que justifiquen posiciones en el campo de lucha… mientras que, el campo social, se viste de muerte y vive en el temor.
Como bien lo señala Abbagnano en su definición sobre la realidad, ésta ocurre en forma ajena a nuestra voluntad pero, cabe aclarar, no en forma ajena a la voluntad de todos sino de quienes no tenemos acceso al poder.
Si bien es cierto que el conocimiento científico es relevante, a nivel local -en nuestro mundo cotidiano- “la realidad” se construye socialmente (P. Berger y T. Luckmann) y se compone de proverbios, moralejas, mitos y creencias, así como opiniones de representantes institucionales que influyen en nuestra forma de ver el mundo y, en consecuencia, en nuestras decisiones.
Así pues, en nuestra vida cotidiana el conocimiento científico es sólo una parte del conocimiento social y, muy posiblemente, una parte muy mínima.
En tal sentido, el caos de discursos sobre el COVID revestidos de argumentos lógico-científicos nos plantean una cuestión: ¿cuál es el sentido de este caos en la información?...
Nuestro planteamiento es que el objetivo de este caos en la información en relación al COVID es atrapar nuestro poder de decisión, esto es, el caos de la información constituye la arena política en la lucha por el poder del Estado de cara al próximo proceso de elección.
Hoy en día, el tema preponderante de la política se ha movido de la idea del progreso y el desarrollo social al tema de la integridad humana donde, la inseguridad de nuestra vida se convierte en estrategia de quienes se disputan el poder y ahí estamos usted y yo, en medio del río revuelto adivinando quién nos promete mayor seguridad.
“La realidad” en relación al COVID se encuentra pues, más allá de nuestra percepción inmediata convertido en un fenómeno de salud que deviene en argumento político.
Así pues, en este río revuelto, lo real debería ser que cuidarnos se convierta en un imperativo que desafíe el hábito de “nadar de muertito”…