Se cumple un año del triunfo electoral de Claudia Sheinbaum y el balance de su ascenso al gobierno de México es positivo. Más allá de las inevitables presiones de actores políticos y económicos de diverso orden, se ha logrado mantener la paz social y un horizonte promisorio de bienestar para la mayoría de la población, gracias a la orientación de atender las causas que generan sus condiciones de vulnerabilidad. Por lo demás, se ha cumplido con un compromiso que distingue con claridad el tipo de Estado que se ha venido construyendo desde 2018 en los gobiernos de la transformación y que tiene que ver con la determinación de no reprimir la legítima movilización social. Distinción que, se ha comentado antes aquí, contrasta con una de las características propias del Estado neoliberal y que un reconocido pensador como Boaventura de Souza refiere como “la necesidad de reflexionar acerca de las motivaciones de ese tipo de Estado para ocuparse menos de reprimir las ilegalidades de las clases históricamente opresoras que reprimir a las clases históricamente oprimidas”.
Lo anterior tampoco implica limitar la intervención estatal a un mero uso instrumental del poder, sino a reorientar sus objetivos y acciones para atender los retos de una complejidad social creciente, con un compromiso ético de reivindicar a los sectores más necesitados y olvidados históricamente. En este orden de ideas, es posible entender, por ejemplo, que las ilegalidades de personeros de clases históricamente opresoras no pueden quedar impunes, como en el caso del magnate Ricardo Salinas Pliego no solo por escamotear el pago de una deuda de impuestos, sino por otros casos controvertidos como el de una de sus empresas que pretende levantar megaproyectos de inversión en comunidades pobres y que, además, podrían implicar un potencial riesgo de depredación territorial y ambiental.
Pero hay indicadores que ilustran ese balance positivo. Es el caso de la información del INEGI en la que se muestra el mejoramiento de la participación de los salarios en el PIB (Producto Interno Bruto) al cierre del año 2024, alcanzando un 31.8 por ciento de participación, el punto más alto en cuatro décadas, contrastando con un 26.7 por ciento al cierre de 2018, justo al inicio del primer gobierno de la cuarta transformación. Con el inicio de las políticas neoliberales implementadas desde el gobierno de Miguel de la Madrid, en los años ochenta, la contención salarial llevó a una progresiva pérdida del poder adquisitivo del salario, y con la crisis económico-financiera de mediados de los noventa, en la que jugó un ominoso papel el famoso Fobaproa que impulsó Ernesto Zedillo, se redujo aún más la participación salarial en el PIB nacional. En contraste, las ganancias empresariales crecieron de manera exponencial. La famosa ley de acumulación, pues, en la que la relación capital-trabajo se manifiesta en el enriquecimiento de pocos en un polo de la relación y el empobrecimiento de muchos en el otro.
Se podrían plantear más ejemplos de cómo en poco tiempo la administración de Claudia Sheinbaum ha sorteado con éxito las presiones y obstáculos de diverso orden e interés de una variedad de actores políticos y económicos de fuera y dentro del país. A un año del triunfo electoral que la llevó a la Presidencia de México, las encuestas de aceptación confirman una percepción amplia de confianza.