Agenda

Un texto que hablé de mi historia personal, no como una biografía sino como un referente sobre el cual parte mi visión del mundo y cómo; el mundo como esa visión que cambia, evoluciona, retrocede. O bien reconsidera, se contradice, permanece.

Pero me he sentido lo suficientemente segura para empezar, tanto por la disciplina que se requiere, o en mi caso requiero, como para definir tiempos “de hora de escritura” como si de una profesión se tratara y mi sustento dependiera de ello.

La idea parte de un encajonado poemario, por clasificarlo ostensiblemente de alguna manera, como de la impresión que me causan las circunstancias sociales, de individuos, familias, comunidades y naciones.

El poemario archivado data de los primeros años de este siglo surgido en una de esas crisis de la “mediana edad” en la que, gracias a las hormonas y el desapego de los hijos, las madres o algunas mujeres vemos la vida con ojos existencialistas.

En cuanto a las circunstancias del mundo, subrayando el cambio de gobierno en nuestro país, y el regreso de sistemas dictatoriales disfrazados de nuevas izquierdas, que han dado un vuelco a instituciones que mantenían ciertos equilibrios económicos y de convivencia más o menos pacífica, aún con las diferencias de credo, raza, código postal, cuenta bancaria, lengua o dialecto.

Siento, más allá del discurso retórico, que experimentamos un verdadero cambio de época. Un momento en el que dejaron de estar vigentes dichas instituciones, por inútiles para su propósito -que supongo es el bienestar social- y en donde las nuevas generaciones están renunciando a los esquemas tradicionales o cómo los conocimos durante los últimos al menos 80 años.

Quizá tengo espíritu de socióloga o filosofa de tertulia y banqueta pero es un hecho que la observación de la vida en nuestro planeta me causa una curiosidad que no he podido canalizar, verbalizar y analizar. Supongo que muchos transitamos así durante el transcurso de los años que nos van dando una perspectiva y la evidencia de patrones de control social que se repiten con sus variantes y cambios de protagonistas.

Así, la agenda de nuestras preocupaciones la marcan los líderes de opinión, los jefes de estado, los jefes de la DO, y nuestros patriarcas y gurús de moda además de otros. Esta semana se ha dispuesto -por ejemplo- que nos preocupemos por la falta de agua y lluvias, cuando esta falta constante y progresiva del líquido vital, ha sido un tema que debió atenderse al menos, hace un siglo. 

Ojala tuviéramos ese pensamiento crítico del que presumimos como especie, para poder deslindar las maniobras de manipulación que dichos personajes ejercen sobre nuestro diario vivir. Dejar de pensar en corcholatas y destapadores y elevar de nivel nuestras acciones pasando a poner en práctica nuestras supuestas soluciones emitidas en el café de las tardes o la botana de los “medio día”.

Quizá por eso el refugio en la escritura, no importa si es o no de largo aliento, ayuda a aclarar la mente y darnos cuenta de las encrucijadas en el camino.