La limpia de personal, parte de la herencia maldita, propuesta en la Fiscalía, por el gobernador Ricardo Gallardo (quien menos mal, como lo ha dicho en varias ocasiones, respeta las autonomías) no tiene otro objetivo que llenar de sus incondicionales la dependencia. Es decir, incrementar el número de personas a su servicio nunca estará por demás en una dependencia como ésta.
No es cosa nueva, desde luego. Por todos es sabido que desde muchos años atrás, la entonces Procuraduría de Justicia era utilizada para beneficiar a cualquier persona (sin distingo de género, religión, ideología, y lo que usted guste o imagine) que algún funcionario de primer nivel quisiera beneficiar. Bastaba una llamada desde cualquier dependencia, principalmente Finanzas, general de Gobierno e incluso el Congreso, para dar acomodo a amantes, amiguitos, masajistas, cultoras de belleza, sobrinitos, o cualquier tipo de parientes hasta en séptimo grado. La experiencia era lo de menos mientras se adecuaran a las necesidades; siempre fue un ejercicio de pluralidad.
De ahí que no sorprenda que se haga en este gobierno, más cuando se tiene como fiscal a un pelele a modo. Lo que resulta absurdo es que el gobernador decida (hay quienes dirán que apenas es una propuesta) qué se debe hacer en un organismo autónomo y aparezca desgarrándose las vestiduras fariseicamente por los excesos del pasado, cuando ahora se superan con creces.
El ejemplo más claro son los reglamentos de diversas dependencias de la administración pública que un día sí y al otro también, se los pasan por el arco de triunfo o se adecuan al gusto y las necesidades de quien decidieron será su titular. En este sentido, la primera muestra de lo que ocurriría fue el nombramiento del director del Archivo Histórico, después vinieron otras, pero el caso más burdo sin lugar a duda es el nombramiento de René Contreras Flores en la dirección del instituto Temazcalli. Normatividad que se tuercen al gusto del gobernador para dar acomodo a sus allegados.
Otro botón del muestrario es Francisco Ramos Silva, director de Investigación administrativa y evolución patrimonial de la Contraloría general del estado, a quien en 2016 el Consejo de la Judicatura determinó destituir de su cargo como juez federal, por acoso sexual. Si bien pareciera que busca librarse de la herencia maldita, en realidad comienza a testar en la propia, conformándola con una tan maldita como de la que se queja, con la única diferencia que es de exportación; aunque con Lupe si le falló.
Por cierto, cuando Gallardo arremete de las más corriente de las formas (vaya carencia de educación) contra el director de Interepas, no se pone a pensar que el funcionario municipal podrá ser torpe, y queda claro que lo es, pero al menos no es un pillo como a los que dio acomodo y protege dentro de su gobierno; igual, señalar como agravante su foraneidad es ver la miopía en el ojo ajeno y no el estrabismo en los propios: la administración gallardista es la que más trabajadores foráneos ha traído; basta voltear la Contraloría, el Instituto de la vivienda, la Junta estatal de caminos, los Servicios de Salud, Seduvop, Santa Rita, y aún en varias contralorías de dependencias está presente el cártel del Bajío. Y del nepotismo, ni hablar, merece atención por separado.
A propósito del asunto del director de Interapas, el asunto de fondo –de las formas no hablemos porque no las conoce– no es el tema del incremento del agua, sino que le gusta jugar perversamente a frenar al alcalde y a mangonear al Congreso. Muchos aplaudirán el día que vean al alcalde poner en su lugar, dentro la cordialidad de las formas que lo caracterizan, al atrabiliario gobernador. No es que se quiera verlos pelear, menos en una relación sadomasoquista que se ve que ambos disfrutan, pero alguien tiene que ponerle (como dijera mi abuela) “un ´tate quieto”.
De los diputados ni hablar, nadie se atreve a decir nada, antes bien justifican los desatinos del explosivo gobernador, llevándolos al nivel de desajustes emocionales; quien sabe si se darían cuenta de lo que algunos dijeron, porque queriéndolo ayudar lo llevaron casi al nivel de bipolar. Pero finalmente hay que entenderlos, sus comparsas verdes nada dirán, entre un tapete y ellos no hay diferencia alguna; otros tienen cola larga, y los que no, en caso de abrir la boca o portarse como oposición, es capaz de obligarlos a pedir licencia. Mejor calladitos.
Se acaba en lo de siempre, el problema del gobernador de San Luis Potosí es que habla (y gobierna), como él mismo lo dice “aventándose al chingadazo”.
Gracias por la lectura. Si va a la marcha de mañana (lleve cachucha, sombrilla y bloqueador solar, salude y no deje basura) me cuenta qué tal se pone y quiénes van; si no, en la comodidad de su hogar se toman una copita coqueta a la salud de los consejeros del INE.