Al revés y con tacones altos

A ver, creo que es pronto para decir que el suelo ahora sí ya está parejo en el campo político y que hombres y mujeres son juzgados bajo los mismos estándares. Innegablemente hay avances, pero de eso a cantar victoria, es otra cosa. Basta echarle una hojeada a los diarios. 

Sanna Marin tiene treinta y seis años. Es guapa. Tiene la piel como Blanca Nieves, el cabello largo y castaño y unos ojos claros que llaman la atención. Sanna es inteligente, carismática, divertida. Hace tiempo se casó con un ex jugador de fútbol, con el cual tiene una hijita. Sale con sus amigas y le gustan los conciertos de rock. Nada suena mal, salvo que la mujer es la Primera Ministra de Finlandia y hace una semana, un diario publicó fotos de la lideresa bailando en una fiesta y se armó el San Quintín.  No es que fuera la primera vez que la Primera Ministra fuese captada haciendo cosas que no tuvieran que ver con su encargo, sino que ahora aparecía tan divertida que cierto sector comenzó a cuestionarse si la mujer estaba drogada. No estaba. Rápidamente ella declaró que en su vida había probado drogas y se sometió a un examen médico que resultó negativo. A partir de ahí el debate ha estado acaloradísimo, cuestionándose si está capacitada o no para gobernar. Poco importó que muy al inicio de su mandato la pandemia estallara y que Finlandia tenga la tasa de mortalidad por esa enfermedad más baja en toda Europa debido a la rápida acción gubernamental. Tampoco importó que en febrero, cuando estalló la guerra entre Rusia y Ucrania, Finlandia actuara rápidamente y solicitara su ingreso a la OTAN, medida acertada para el momento. El debate ahora era si “Party Sanna,” su nuevo apodo, era capaz de gobernar.

Por cosas similares ha pasado Jacinda Ardern, la Primera Ministra de Nueva Zelanda, quien el año pasado bajo el contexto de la legalización del uso de la marihuana para fines recreativos, confesó que de joven había fumado la planta. Entonces, igual que en el caso finlandés, los resultados sobresalientes del país se fueron por la borda. 

Sin embargo, no hay que ir tan lejos. No hay política mexicana que yo recuerde, que no haya sido criticada por su peso, su cara, su manera de vestir, el tipo de maquillaje, su estilo de vida privada. Ideológicamente podemos debatir todo lo necesario, porque para eso es la política; pero en el momento que se da cabida a los adjetivos en lugar de los argumentos, ahí salimos perdiendo todos, rebajando el debate a un nivel magro y denigrante. Recuerdo por ejemplo, a Josefina Vázquez Mota, a Dulce María Sauri, a  Xóchit Gálvez, a  María de los Ángeles Moreno, Cecilia Soto, Patricia Mercado. Y aquí en la patria chica, también hemos repartido parejo, que si por guapas, por feas, por los tacones que usan, que porque son güeras, que porque son morenas, que si son lesbianas, que si ponen el cuerno, que si se acuestan con pijama fea… y llega un momento que lo que menos importa es si saben o no saben hacer su trabajo, para quedar reducidas a la cantidad de maquillaje que usan. 

Si una mujer adulta decide divertirse, ejercer su sexualidad como le plazca, vestirse como quiera, pintarse el cabello, o no maquillarse, y aparte de todo, dedicarse a la política, es su bronca. ¿Qué le podemos entonces reclamar? Que no esté capacitada para el puesto que desempeñe, que no se prepare, que sea indolente o negligente en su encargo, que sea corrupta. La manera en que lleven su vida privada es punto y aparte. No he visto a nadie entrar en debata porque un hombre se vista o no bien, le ponga el cuerno a la pareja, tenga mal recortado el bigote o tenga tatuajes. No he visto que se vuelva todo un tema si un político va a un concierto, o vaya de fiesta. 

En apoyo a la Primera Ministra Marin, Hillary Clinton subió a sus perfiles en redes sociales una foto de ella misma bailando rumba, en un viaje oficial cuando era Secretaria de Estado, añadiendo al mensaje dos frases: “Sigue bailando Sanna. Como Anne Richards dijo :Ginger Rogers hizo lo mismo que Fred Astaire, simplemente  lo hizo al revés y con  tacones altos.” 

Estoy segura de que las mujeres políticas al igual que los hombres, tienen temas altamente criticables, pero también es cierto que éstas últimas pasan todavía por una doble censura que nada tiene que ver con sus cargos y por lo mismo, todavía queda un buen tiempo en donde habrá que bailar con tacones altos y al revés.