Pregunta. ¿CÓMO PUEDE AMLO CUMPLIR SU PRINCIPAL COMPROMISO DE COMBATIR Y ACABAR CON LA CORRUPCIÓN, SIN HABER EMPEZADO POR SOMETER A PROCESO PENAL A LOS CORRUPTOS Y A LOS SAQUEADORES DEL SEXENIO ANTERIOR? ¿DANDO ABRAZOS EN LUGAR DE APLICAR LA LEY?
Que no se equivoquen los morenistas. Si criticamos al presidente por sus acciones y decisiones que nos parecen equivocadas, no es porque seamos sus enemigos o miembros de la mafia en el poder, ni mucho menos simpatizantes del PRI ni del PAN. Nada de eso. Somos solo ciudadanos mexicanos que ejercemos nuestra libertad de expresión frente a las frecuentes decisiones equivocadas del presidente que lesionan los legítimos intereses de los ciudadanos mexicanos.
Solo quien no quiere ver la realidad puede a estas alturas no darse cuenta de que el gobierno de AMLO nos está llevando a una dictadura que está demoliendo a toda velocidad, lo poco que queda de democracia en este país, después de los 6 años de devastación causada por Enrique Peña Nieto. Es verdad que una gran parte de los mexicanos estábamos hasta la madre de la corrupción siempre impune del gobierno peñanietista y clamábamos por un cambio, pero un cambio hacia adelante, en el camino de la democracia, de la división de poderes, del respeto a la pluralidad política, del manejo responsable y limpio de nuestros impuestos y de la aplicación rigurosa de la ley a quienes abusaron del poder. Pero lo que estamos viendo hasta ahora es una regresión hacia el autoritarismo y hacia el culto a la personalidad, a la concentración del poder en manos de un solo individuo y a debilitar instituciones que con tanto esfuerzo de los mexicanos habíamos construido, como el INE, el INAI, el BANCO DE MÉXICO y el INEGI, entre otros, que podrían llegar a ser pronto elementos sólidos para equilibrar el poder político.
Analista y filósofo egresado de la Facultad de Filosofía de la UNAM, Claudio López Guerra, profesor además del Centro De Investigación y Docencia Económicas (CIDE), sostiene la interesante tesis de que en México tenemos malos gobiernos, porque la llamada “clase política”, no vive la misma realidad en que viven la gran mayoría de los mexicanos de a pie. El 90% de ellos, mandan a sus hijos a escuelas particulares, viven en fraccionamientos privados, atienden su salud en hospitales y clínicas particulares, conducen automóviles costosos y nunca o casi nunca, utilizan el transporte público en que se movilizan muchos millones de ciudadanos. Opina López Guerra que si se les obligara por mandato de Ley a usar los mismos servicios que recibe el mexicano promedio, probablemente trabajarían con más fervor, con mayor empeño en asegurarse de que sus hijos, esposas y ellos mismos, recibieran servicios de calidad. Impulsarían un Presupuesto de Egresos que privilegiara la seguridad pública, la educación, la salud y el transporte público, en lugar del Tren Maya o derrochando recursos a programas populistas. Se trata de alinear los intereses de los ciudadanos, con los de los altos funcionarios públicos.
De ninguna manera censura López Guerra a quienes hacen uso de esos servicios particulares con su propio dinero, ganado con su trabajo honrado en el campo profesional o de empresa. Eso es lícito y socialmente válido, pero precisa que son los altos funcionarios públicos, quienes aprueban los presupuestos y se benefician de ellos muchas veces, los que, ya sea con su propio peculio, o con el erario público, gozando de los servicios particulares, se desconectan de la realidad cotidiana de los ciudadanos y no son capaces de ver las grandes deficiencias y limitaciones de los servicios públicos gubernamentales.
Los países más democráticos del mundo, tienen, entre otras, la honrosa característica de que los más prominentes miembros de su clase política, como, por ejemplo, legisladores, secretarios de estado, gobernadores y munícipes, tienen una forma de vida muy similar a la de los ciudadanos de a pie, lo que les permite comprender claramente y trabajar auténticamente a favor de las más caras aspiraciones de los ciudadanos. ¿Ejemplos? De momento me vienen a la memoria el caso de José Mugica en Uruguay, que hace pocos años terminó su mandato como presidente de esa república sudamericana, que se negó a recibir completo el elevado salario y los privilegios que las leyes de su país otorgaban a los presidentes y se mantuvo viviendo en su modesta casa de un barrio en las afueras de la capital, Montevideo, y usando su modesto auto VW que poseía desde antes de ser presidente y que tengo entendido conduce hoy, varios años después. También rechazó los servicios de custodia que eran habituales para los presidentes de su país y con trabajos permitió que le plantaran un policía de barrio que hacía rondín en varias cuadras a la redonda.
Olof Palme, exprimer ministro de Suecia, acostumbraba acudir a desempeñar sus labores en bicicleta, siendo 1er ministro, sin ningún tipo de protección especial. Lamentablemente, fue asesinado en febrero de 1986, cuando volvía caminando del cine a su casa, con su esposa, por una calle principal del centro de Estocolmo y un hombre se acercó a ellos y disparó a quemarropa sobre la espalda del primer ministro, que murió poco después.
Ya no digamos el caso el gran Mahatma Gandhi, en la India, que, sin ser propiamente gobernante de su país, desempeñó un papel histórico no solo en su patria, sino en el mundo, luchando con las armas pacíficas de la razón y del respeto, se convirtió en ese gran líder que le devolvió a sus conciudadanos la libertad y la independencia del poderoso imperio inglés en aquellos años y vivió siempre en la más estricta austeridad.
Estos grandes políticos como Palme, Mugica y Gandhi, y muchos otros que sirvieron en altos cargos a sus ciudadanos, tuvieron clara conciencia de que su cargo es por tiempo definido y aceptan la responsabilidad de que solo son administradores temporales del erario público, es decir, de los impuestos que pagan los ciudadanos y alcanzan el aprecio y el respeto de su pueblo, cuando terminan sus periodos de gobierno. Contribuyen con su ejemplo, a mejorar su nivel de vida y a moralizar la vida pública de su país.
Sus decisiones tienen que ver siempre con dinero público, es decir de los ciudadanos y por lo tanto deben priorizar la asignación del presupuesto de cada año, pensando siempre en generar los bienes públicos que mayor beneficio colectivo generan como son la educación, la seguridad y la salud.
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