Vinieron los muertos. Tomaron cerveza, bebieron pulque, fumaron cigarros sin filtro, comieron algo del mosqueado pan, muchos le dieron tragos al mezcal o al tequila, después pasaron junto a la luz de las velas, miraron los espejos y en el último escalón encontraron el camino al más allá, quienes lo habían perdido.
Así más o menos sucedió con los santos difuntos que por haber pasado a mejor vida, ya están en esa categoría junto a las divinidades.
Los demás quedamos de encontrarlos más tarde que pronto, pues pocos son los que nos queremos ir ya de este mundo. Al menos yo me declaro dentro de ese grupo. Y no es cosa de creencia o de fe, pero la muerte no se antoja de manera natural, salvo para aquellos desdichados que arrastran más de una pena en el alma sufriéndola en el cuerpo.
Y nos da en este país por rezar, llorar y comer enchiladas con guacamole para que la pena amaine. ¿será que no sabemos cómo recibir a la muerte, será que no sabemos qué hacer con ella y buscamos en la marabunta o en el núcleo familiar una explicación no dicha para que se nos pase el golpe.
Porque si de morir se trata, eso ni duda cabe y este país nos lo recuerda diariamente de la manera más trágica que pueda uno imaginar.
La noticia del día fue amanecer con tal sólo doce difuntos en una sola familia. El tamaño de la tragedia no alcanzo a dimensionar. Y surgen las preguntas internamente y los reclamos callados que las averiguaciones previas o las declaraciones no alcanzan para consolar ni al perro de la familia que no los volverá a ver.
A ver si ahora que sepan quién fue van y le chismean a la abuela para que les jale las orejas o les amenace con dejarlos sin domingo. Seguro le harán caso pues así lo han decretado las mayores autoridades.
Me pregunto quién se puede sentir protegido con tal sentido de la justicia. Quisiera conocer a esa persona. Y no confundamos el dolor con venganza, el reclamo con la paz o la injusticia.
No perpetuemos el diálogo sofista -o de sordos - en el que llevamos casi un año ya.
Las oraciones y los abrazos son aparte. Surgen de y en lo privado, de la intimidad en familia o amigos. No son materia de Estado. A éste le tocan otros asuntos; no las condolencias huecas emitidas en los medios masivos que llevan y traen malestar principalmente.
Y aunque estamos hechos para morir no se vale terminar porque otro así lo determina. La vida es algo personal, sobre la cual sólo su propietario tiene derecho a decidir.
Ojalá los muertos vengan y le peguen un susto a quienes se pasan de vivos. Quizá eso sirva más que acusarlos con sus mamás.
Seguimos con el alma de luto