Amistad

Albert Camus escribió, refiriéndose a la amistad: “No camines detrás de mí; no te guiaré. No camines delante de mí; puedo no seguirte. Sólo camina a mi lado y sé mi amigo.”

¿Quiénes son esos que caminan a nuestro lado? No vamos solos en la vida, a nuestro lado, plantando cara al destino nos acompaña nuestra familia, conjuntamente con nuestros amigos, las personas con las que establecemos un vínculo especial que los distingue de todos aquellos que forman el resto de la humanidad; los amigos son, en cierta forma, una familia extendida.

El escritor argentino Jorge Luis Borges dejó constancia de su perspectiva de la amistad: “Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino. Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar, mas otras apenas vemos entre un paso y otro. A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos.”

La amistad ha sido una idea constante entre grandes pensadores, además de quienes ya anotamos, como es el caso de Platón, Aristóteles, Cicerón, Séneca, Nietzsche y muchos más. Con coincidencias y disidencias, siempre hay rasgos que distinguen a la amistad verdadera con ciertas características. Veamos algunas.

“Pero ¿quién admitiría se llamaran amigos aquellos que no conocen sus sentimientos mutuos? La amistad exige, pues, no solamente esta benevolencia recíproca, sino también que uno quiera el bien del amigo y que los sentimientos sean manifiestos...” nos dice Aristóteles en su Ética a Nicómaco, hablando de la sincera pretensión de buscar lo mejor para los amigos, más allá de la simple convivencia y comunicación.

En su texto Lelio: “De la amistad” Cicerón deja en claro lo que son los buenos amigos: “La amistad contiene muchísimos bienes: a donde quiera que uno se vuelva, está a la mano, de ningún lugar es excluida, nunca es intempestiva, nunca es molesta. Y así, no del agua, no del fuego, como dicen, usamos en más lugares de la amistad. Y ahora yo no hablo de la vulgar o de la mediocre, la cual sin embargo deleita y es provechosa ella misma, sino de la verdadera y perfecta, como fue la de aquellos que, siendo unos pocos, son mencionados por su nombre. Pues, por una parte, la amistad hace más espléndidas las situaciones favorables, y por otra, más leves las adversas, compartiéndolas y haciéndolas comunes.”

El sábado pasado tuvimos la oportunidad de estar inmersos en una verdadera apología de la amistad, una clara muestra de que quienes piensan y escriben sobre ella se quedan cortos, muy cortos.

Un buen amigo, Hugo, atraviesa una situación complicada con su salud personal, de esas que se acompañan con palabras que nadie quiere escuchar y que no anotaré en esta columna pero que de seguro los lectores adivinaran sin mayor problema.

Hugo tiene buenos amigos. Dos de ellos, mi tocayo Jorge y Manuel tuvieron la idea de convocar a una pequeña reunión, una comida en la que lo que se recaudara pudiera ser una pequeña aportación para aliviar las presiones económicas que conlleva su situación. Y de pronto la amistad se hizo presente, irrumpiendo en nuestras vidas y dándonos una profunda lección.

De pequeña reunión no tuvo nada, puesto que, en cuanto se supo de la convocatoria, el número fue aumentando hasta llegar a más de doscientas cincuenta personas, que tal vez hubieran podido ser más si el espacio no fuera limitado. Una excelente comida, aportada desinteresadamente para apoyar la causa; el jardín donde se llevó a cabo, puesto a la disposición sin costo por Geraldina, su propietaria; mi querido amigo Lalo Medina, sin duda un gran cantante y sobre todo un gran ser humano, de manera gratuita hizo su presentación donando su actuación.

Y estábamos todos los demás, concitados por Manuel y por Jorge, unidos todos en una comunión completa de esas que tocan el corazón, como solo lo toca la verdadera amistad.

Hugo, somos muchos los que caminamos a tu lado.

@jchessal