Entre los cercanos empieza a cundir la preocupación. El fenómeno se nutre de una cierta dosis de autocrítica y se expresa en términos concisos: “Ricardo está poniendo en riesgo el proyecto”. La referencia, desde luego, es al proyecto de largo plazo según el cual el gallardismo estará en el poder mínimo doce años.
La preocupación se expande en la medida que el tiempo pasa y la administración de Gallardo Cardona fortalece y profundiza algunas de sus prácticas más nocivas. Incluso para sus más leales no forasteros, está claro que estamos ante un gobierno personalista, vertical, desorganizado, de ocurrencias y plagado de impreparados e incompetentes; un ejercicio del poder autoritario, prepotente y arrogante. Al tema de la corrupción le dan la vuelta, pero al verse arrinconados admiten por lo menos que este gobierno es gastalón, derrochador y que de prioridades no entiende mucho. No encuentran manera razonable de negar las evidencias de un gobierno gallardista opaco, arrogante, sordo a sugerencias o consejos de buena fe.
Los primeros indicios de este estado de ánimo, de los que tuvimos noticia hace pocas semanas, los atendimos con mucho recelo, con precaución. Al principio parecían parte de una estrategia de desgaste mutuo entre los equipos de los dos o tres miembros del equipo de RGC que se sienten con alguna posibilidad de sucederlo. Dicho de otra forma, nos pareció pura grilla prematura. Luego, ampliado el espectro de los comentarios, parecía una embestida contra los miembros de la legión extranjera encabezada por Héctor Serrano Cortés, quien controla completamente la Dirección General de Adquisiciones; la titularidad del Sistema para el Financiamiento del Desarrollo (Sifide); áreas clave de la Oficialía Mayor de Gobierno, su similar de Soledad de Graciano Sánchez y algunas otras oficinas donde fluyen recursos.
Es decir, había razones para no prestarles mucha atención, pues parecían o grillas palaciegas o disputas por pedazos del botín. En poco tiempo se modificó la percepción, pues la manifestación de las preocupaciones no solo se hizo más insistente sino que su densidad aumentó. Pronto llegó a nuestros oídos lo dicho por uno de los digamos súbitos autocríticos, simpatizante de uno de los aspirantes para el 2027. Preguntado sobre si temía que su gallo quedara en el camino, lo que respondió fue sorprendente. Palabras más palabras menos dijo que a como iban las cosas, la preocupación mayor no era a quién dejaría Gallardo de sucesor sino que ni siquiera pudiera concluir su sexenio.
¿De ese tamaño los temores? Sí, de ese tamaño. Cada día está peor, nos dicen. Cada vez escucha menos, no hay más voz que la suya y las únicas otras a las que presta oído son las que le dan por su lado o le ofrecen jugosos negocios.
Si hubiera que hacer un breve recuento de las acciones gallardistas que más inquietan a sus devotos con algo de conciencia crítica, yo diría que las principales son, el creciente endeudamiento de la administración (en total sus pasivos al concluir 2022 sumaban casi 11 mil 500 millones de pesos) que está gravitando sobre cuestiones tan delicadas como los fondos de pensiones y el entero de impuestos federales retenidos. Igual de peligroso para el futuro próximo les parece el capricho de la Arena Potosí y la opacidad en niveles nunca vistos, así como el desinterés por aprender cosas elementales y necesarísimas para no incurrir en deslices tan peligrosos como mentirle públicamente al presidente de la República.
Lo que comienza a quedar más claro todavía es lo que ya algunos hemos dicho: Gallardo gobierna como si no hubiera más voluntad que la suya -que para empeorar es arbitraria, ocurrente y desbalagada-; como si fuera dueño de una fábrica de billetes, como si se pudiera gobernar desde la impreparación, la improvisación y los caprichos personales. Muy su gusto y muy su riesgo, pero ha resultado inevitable que hasta entre los suyos haya nacido una creciente angustia.
Lo que más me llama la atención de todo esto son dos cosas: que no haya aprendido nada de la dura experiencia del 2015 y que insista en confundir el espejo con la ventana. Vive frente al primero creyendo que está viendo a través de la segunda.
POR CIERTO
A principios del 2015, poco después de que su hijo fue aprehendido y trasladado a la remota prisión de alta seguridad en Hermosillo, un enfurecido Ricardo Gallardo Juárez convocó a quienes habían sido los principales colaboradores de Ricardo Gallardo Cardona en el Ayuntamiento de Soledad.
Conteniéndose para no soltar algunas bofetadas, les gritó que todos ellos eran culpables de que su vástago estuviera encarcelado; que eran una bola de lambiscones que a todo le habían dicho que sí en lugar de tratar de frenarlo, de evitar los excesos que tanto les facilitaron las cosas a los fiscales. Hoy, como si no hubiera pasado nada.
Por lo menos media docena de quienes aguantaron la invectiva paternal de hace ocho años están actualmente dentro de la estructura de gobierno, no solo del poder Ejecutivo. No hay noticia alguna de que en fecha reciente la furia del papá haya caído sobre los mismos de siempre y los nuevos que se les han sumado para agrandar el coro que todos los días y a todas horas le cantan alabanzas y le lanzan incienso al hijo; que 24/7 le dicen que es el más astuto, el más sagaz, el más inteligente, el más competente, el más visionario, el más preparado e ilustrado y el mejor vestido de cuantos gobernadores hemos tenido.
Si no ha habido un reclamo similar al del 2015, quizá sea porque Gallardo Juarez anda distraído en otros menesteres; como cuidar su rancho al que ahora llega más fácil, rápida y cómodamente gracias al camino de primer mundo que recién le construyó su heredero. O quizá consuma su tiempo en revisar cuidadosamente los estados financieros de los invernaderos de Santa Rita, aunque esa ya perece ser una batalla perdida.
Hay muchas personas que, como decía mi abuelita, saben aprender en cabeza ajena. Sacan provecho de experiencias de otros y se ahorran adversidades o sufrimientos. Son, sin duda, gente inteligente. Hay en cambio quienes ni de las vivencias propias, algunas veces dramáticas, son capaces de derivar lecciones para ir por la vida corriendo menos riesgos de desventura. Estos últimos pueden también ser inteligentes, pero es mayor su arrogancia, su soberbia y, peor aún, su necedad. Ese malvado espejo mentiroso, chapucero y embaucador.
Por último, antes de pasar a otros temas: Es indudable que en el momento actual, y quizá esto sea parte de lo que alienta los reprobables modos de gobernar de RGC, su relación con el presidente López es fundamentalmente electoral, de cara al 2024, y regida por un pragmatismo descarnado, cruel. Lo que ocupa el centro de la mesa es el costal de votos del gallardismo.
Pero, ¿y después del primer domingo de junio del año entrante; luego de que las urnas se hayan cerrado y los sufragios hayan sido contabilizados? Sé que muchos responderán rápidamente que para entonces Gallardo será jefe de uno o dos senadores y de siete u ocho diputados federales, que pasaran en las respectivas fracciones parlamentarias del PVEM. Muy bien, pero ¿y si, como ha comenzado a fintar, el Verde decide abandonar su alianza con Morena y el PT y jugar por su lado con aliados diferentes? ¿Qué hará Gallardo en ese escenario? ¿Romper con el Verde y quedarse con Morena, donde nunca lo dejaron entrar luego de que abandonó el PRD, o irse con los verdes a ver qué pasa?
Hay muchas, demasiadas variables en el aire como para hacer pronósticos razonables. Por ahora solo diré dos cosas: en este momento RGC tiene una alianza con el lopezobradorismo (así sea puramente electoral, no política ni mucho menos ideológica), y en toda alianza siempre hay que ser un activo, entre más valioso mejor, no un pasivo que lastre. Dicho de otra forma, para ser tomado en cuenta en una asociación de cualquier tipo, hay que aportar, no restar. Y dos: en este país los únicos órganos que pueden registrar candidatos a cargos de elección -desde regidores suplentes hasta presidente de la República-, son las dirigencias nacionales de los partidos políticos. Gallardo Cardona no tiene ningún partido propio. Es probable que para las elecciones del primer domingo de junio del año entrante cuente con un partido político local, lo cual le serviría para postular candidatos a alcaldes y diputados locales, pero eso lo sacaría en automático del rejuego político nacional.
COMPRIMIDOS
Cosas que no checan: en su reciente viaje a Europa, luego de visitar una planta de la BMW en Munich el lunes 17, el gobernador Gallardo Cardona, según el boletín expedido aquí por su equipo de comunicación, “firmó un convenio” y “formalizó” la inversión de esa empresa automotriz en San Luis Potosí. Muy bien, qué bueno, felicidades. Pero entonces ¿a qué vino el presidente Andrés Manuel López Obrador en febrero pasado, junto con el miembro del Consejo de Administración encargado de producción? En la reunión de aquí, el viernes 3 de febrero, en la que también estuvo Gallardo, la mampara puesta por BMW decía claramente “Anuncio de Inversión”. El consejero detalló monto, rubros de aplicación y áreas de ampliación. Cualquiera pensaría que ya para entonces estaría “formalizada”. No checa, no checa.
Surrealismo puro: la administración gallardista ya tiene casi todas las patrullas Mustang y Camaro que destinará a vigilar las carreteras federales, pero todavía no tiene la autorización correspondiente. Ojalá la consiga porque si no, va a ser un ridículo de proporciones cósmicas. Eso no es lo surrealista: hace unas seis semanas la empresa General Motors anunció que éste sería el último año de producción de su deportivo Camaro. Lo confirmó hace una semana. Es decir, a sabiendas, el gobierno gallardista compró unidades en vías de quedar descontinuadas. ¿Siquiera le habrán hecho un gran descuento? No lo sabremos por la Opacidad Maldita.
Más de lo mismo: hemos dicho ya que los Mustang y Camaro son muy bajitos porque como corren a muy altas velocidades necesitan tener su centro de gravedad lo más pegado al piso posible para no volverse inestables. Si los levantan con arreglos en la suspensión, entonces pierden estabilidad y se pueden volcar cuando tomen una curva a más de 130 o 140 kilómetros por hora. Pero hay otro problema: cuando atraviesan zonas urbanas sin libramientos, como Enrique Estrada, Cándido Navarro, el tramo de El Saucito a Mexquitic, etcétera, aún si son autopistas, las rutas federales tienen muchos topes para obligar a reducir la velocidad. En la hipotética persecución de una Pick Up o una Suburban, hasta ahí llegaron los juguetitos gallardistas. Se frenan o se quedan sin amortiguadores.
Hasta el próximo jueves.