Apariencias y desavenencias

La salida del director de Interapas, José Enrique Torres López, no será una posible solución para matizar la confrontación que ha desatado el gobernador Ricardo Gallardo contra esta dependencia. Si bien, queda claro que el alcalde decidió su remoción en obsequio a la paz pública y buscando una salida diplomática a la unilateral campaña de desprestigio que contra el (todavía en ese momento) titular del organismo emprendió el gobernador, es conveniente preguntarse si fue acertada.

Habrá quienes opinen que fue lo mejor y que la renuncia, salida o destitución, según se le quiera llamar, era inevitable; estas opiniones se refuerzan por la nueva andanada institucional y mediática que de manera oficiosa señalaba la ilegalidad de su nombramiento.  

La realidad es que en absoluto era conveniente darle por su lado a alguien que desconoce lo elemental de la administración pública y logística de las instituciones, asumiendo que todo puede ser controlado a partir de caprichos e ínfulas caciquiles; es decir, el alcalde lejos de contribuir al beneficio del propio organismo en lo particular y del Ayuntamiento en general, no hizo otra cosa que aceptar que puede ser objetado y controlado por los rabiosos desplantes del gobernador. 

Por otro lado hablan de la ilegalidad del nombramiento cuando los ilegales de verdad, por decenas pueden contarse entre directores de área y mandos medios en la administración estatal; allí  la ley se tuerce de manera recurrente. En resumen, gracias a esta –en apariencia–conciliadora salida, lo único que consiguió Galindo fue dejarle en claro al gobernador que será necesaria su anuencia para el nombramiento del nuevo titular del organismo.

Tan evidente es, que la dependencia seguramente quedará acéfala sin más encargado que el de despacho, mientras se elige a un perfil que pueda reunir las expectativas del alcalde y adecuarse a los intereses necesarios del gobernador. Nada bueno se ve en puerta para el Interapas; mientras unos hablan de desaparición otros piensan en la privatización. El trasfondo finalmente es el negocio que pueda redituar no a la ciudad, sino al gobierno del estado.    

Mucho de esto se hubiera evitado si desde un inicio Enrique Galindo se hubiera rodeado de personajes de trayectoria en la capacidad operativa. Un desacierto de origen fue el nombramiento de Fernando Chávez Méndez como secretario del Ayuntamiento, incluso sabiendo de la ilegalidad en la que se incurría por no ser un perfil profesional adecuado y, no puede pasarse por alto, la cauda de problemas que arrastraba por las irregularidades de la Red Metro que al parecer son los que dan lugar a su salida.

La renuncia de Chávez aunque pudiera verse como un descalabro para el alcalde, puede ser que beneficie en mucho, ya que su relevo Jorge Daniel Hernández Delgadillo es un hombre de capacidad, alcances y soluciones; abogado de trayectoria que, sobre todo, conoce y “le sabe al librito”. Muchos de los problemas que presenta el Ayuntamiento se hubieran evitado con este nombramiento en un primer momento.

Aunque en realidad no lo sean, este tipo de movimientos y acomodos no abonan en nada a la ya desgastada figura del alcalde. En encuestas reales, y no a modo como esas que circulan ya con cierta frecuencia (en esta semana se ha echado mano a las encuestas telefónicas de respuesta inducida) la popularidad de Galindo va a la baja, ya se comienza a percibir un nivel de aceptación o rechazo, según se quiera ver, similar al que alcanzaba a su antecesor, Xavier Nava, al inicio de su tercer año. 

Es decir, la aparente buena voluntad del alcalde hacia el gobernador, en clara estrategia por no dañar la paz pública, lejos de mostrarlo con un hombre conciliador lo proyecta como un político sin carácter, que en búsqueda de un posible beneficio posterior a la conclusión de su periodo, acaba cediendo ante los caprichos de quien cada día –también en apariencia– se  posiciona más.        

Gracias por la lectura. No sé si es mi mala voluntad a la temporada, pero este año la decoración navideña del centro histórico es de mucho menor calidad que la del año anterior. Quizá sea que la euforia de arranques administrativos ya pasó.