Ascenso y Descenso

La abolición del ascenso deportivo en México afecta a clubes históricos y limita la competencia en la Liga MX.

San Luis Potosí es una ciudad muy acostumbrada a los ascensos y descensos en el fútbol de nuestra Liga MX. Aunque los nombres del torneo han cambiado con los años —al igual que las vías para subir, las reglas para pagar multas o, peor aún, la abolición del ascenso deportivo—, la mística permanece grabada en la afición potosina.

A principios de la década de los setenta, el equipo potosino subió por primera vez al máximo circuito. En esa misma década descendió y volvió a ascender, iniciando así el primer capítulo de un romance con el "ascensor" futbolístico: una historia donde nos acostumbramos a bajar y subir de categoría de forma recurrente.

Esas emociones de los ascensos y el dolor desgarrador de los descensos hoy ya no los pueden vivir plazas históricas como Morelia, Celaya o Tampico, pues la liga, a través de sus dirigentes y dueños, les ha arrebatado la oportunidad de ganar o perder la categoría en la cancha.

Estar en la División de Ascenso o Segunda División no significaba un mal espectáculo para esta hermosa afición. Llegamos a disputar liguillas inolvidables por el ascenso contra rivales como Pachuca, Querétaro, Correcaminos, Irapuato o Tigrillos. En aquellas escuadras potosinas brillaron ídolos entrañables como Moctezuma Serrato, Horacio Monti, José Enrique García y Marcelo de Faria, además de jóvenes que más tarde triunfarían en Primera División.

Aquellas emocionantes jornadas de viernes por la noche en el Plan de San Luis tenían un ambiente inigualable. Se vivían con la firme ilusión de armar un gran torneo para enfilarnos al retorno a la Primera División y volver a competir contra los grandes del fútbol mexicano. Lamentablemente, esos sentimientos de competencia real y pasión genuina desaparecieron del territorio nacional. Hoy el aficionado está a expensas de que el dueño del equipo de su ciudad convenza a otro de venderle la franquicia, como ocurrió con Mazatlán o como añora la afición de Morelia con Juárez.

De las instituciones que lograron subir a Primera División desde los noventa y que al día de hoy se mantienen en la máxima categoría destacan Tigres, Querétaro, León, Pachuca, Necaxa y Tijuana. Otros subieron, pero por diversos factores no pudieron sostenerse, como Irapuato, La Piedad, Unión de Curtidores o Dorados, por mencionar algunos.

¿Alguien se podría imaginar hoy en día una Primera División sin Tigres, León o Pachuca? Seguramente no. Sin embargo, esas mismas instituciones prefirieron abandonar el principio de competencia entre divisiones en México para dar paso a un torneo cómodo, donde clubes como Santos pueden encadenar torneos grises sin consecuencia alguna, mientras franquicias históricas como Leones Negros permanecen privadas del derecho a ascender.

Las nuevas generaciones de aficionados potosinos han vivido la etapa de un equipo con más vacas flacas que gordas, pero sin el sufrimiento visceral que significaba revisar obsesivamente la tabla del descenso semana a semana, llegando al estadio sudando frío con tal de rescatar un punto mientras se esperaba que el rival directo dejara unidades en el camino. Bastaría recordar aquella noche milagrosa del "Colo" Guerrero contra el Atlas en 2006 para dimensionar de qué hablo (aquel sufrido 2006 en el que también alcanzamos la gran final merecerá una columna aparte).

Tampoco podemos olvidar los ascensos memorables, como el conseguido en 2002 contra Tigrillos. Tras caer 4-1 en la ida en Saltillo —un marcador que parecía sentenciar la eliminatoria—, el equipo firmó una remontada épica en el Estadio Alfonso Lastras con un inolvidable gol de Moctezuma Serrato al minuto 96 para ganar 4-0. O la no menos emocionante final de 2005 contra el Querétaro, ganada 3-2 en el global de la mano de uno de nuestros grandes héroes locales: Ariel González.

Estas historias de profunda alegría y amarga tristeza ya no se pueden vivir en la actualidad. ¡Ojalá un día los dirigentes recapaciten y regrese el ascenso y descenso a nuestro balompié!