El día de ayer asistí a la presentación de un libro en la sala Luis Buñuel de la Cineteca Alameda (antiguo cine Alameda). La presentación fue un éxito en asistencia, atención, participación y concurrencia; en un reducido espacio se congregaron poco más de ochenta personas con un evidente interés común por la temática del libro, y por escuchar las opiniones del autor y los presentadores.
Sin embargo, el espacio escaso en decoro, me pareció muy distante del que pudiera merecer, o destinarse para, la presentación de un libro, y la recepción de un público; de cualquier libro, de cualquier público. Como en vecindad quintopatiera, cortinas suplían puertas, y las dos o tres que había, desvencijadas; ventanas apolilladas, como aquellas viejas vitrinas de la casa de mi abuela; cables colgando del techo, en el espacio que debió estar o quizá nunca fue instalado un proyector; cañuelas de electricidad que no venían ni iban a ningún lado; un enorme e inútil (por apagado o inservible) aparato de aire acondicionado, que todos hubiéramos agradecido se encendiera; plafones dañados; muros que en algún momento fueron de un blanco inmaculado, con marcas de manos de carbonero en vanos y extensiones; la ausencia de focos en los servicios sanitarios representaba todo un reto para aquellos que confiados en la buena puntería y su sentido del oído, se atrevieran a utilizarlos; ausencia total de agua para las respectiva descargas higienizantes; escaleras de emergencia con basura acumulada en sus escalones y bloqueadas por bolsas de basura su salida. Instalaciones descuidadas, inoperantes, obsoletas.
Por un lado, acaloradas damas de abanico asentían los acertados comentarios de autor y presentadores; por el otro, expresivos opinólogos enfatizaban su simpatía con el tema central del libro. Ambos, desde luego, quizá nunca se dieron cuenta del patético estado del espacio en que se encontraban ubicados.
Queda claro, no eran los esforzados organizadores, ni los participantes directos, ni la concurrencia, los responsables del estado en que se encuentran las instalaciones de la llamada sala Buñuel de la Cineteca, sino las autoridades encargadas del espacio vinculado operativamente a la Secretaría de Cultura. Indiferencia y descuido totales en un espacio que debería estar en las mejores condiciones; no sólo por ser parte de un recinto cultural, sino porque hay quienes cobran por dirigirlo, y quienes más lo hacen por trabajar en su mantenimiento. En ambos casos, bastante bien, dentro de la extensa y muy abultada nómina de esa secretaría.
El comentario quizá no venga al caso, incluso habrá quienes seguramente piensen que lo hago para restarle mérito a la presentación de la obra de análisis político que, dicho sea de paso, su planteamiento metodológico y contenido, me resultaron muy interesantes. Sin embargo no puedo evitar el asociarlo con el estado que guardan en este momento las administraciones estatal y municipal; la última, al menos en la capital.
Acabó prácticamente un sexenio; los tres poderes, los funcionarios, el grueso de la burocracia, y al parecer la ciudadanía en general, parecieran estar más a la expectativa de la llegada de las próximas autoridades, que del estado que guardan las acciones de gobierno, las finanzas, los servicios, el estado material de las cosas, la seguridad, la salud pública, la salud mental de las autoridades salientes.
Todo, definitivamente, guarda un estado lamentable y cuestionable. Esto, desde la óptica del opinólogo que así lo percibe y así lo expresa, los especialistas en gráficas y pauerpoint dirán que los indicadores marcan otra realidad, que es la que en términos oficiales cuenta; lo demás es culpa de la inobjetividad, de la pandemia, de las malas políticas pejistas, pero nunca de la ausencia gubernamental de casi un sexenio.
Habrá quienes se congratulen de éste que acabará (como yo ayer al abandonar el espacio referido), pero no creo que el gusto les dure mucho, ni siquiera sabremos cómo será éste que inicia; ya Gallardo comenzó a hojear el manual de criptozoología de especímenes curiosos, raros, aberrantes y monstruosos del que seleccionará a los miembros de su gabinete. Y aunque definitivamente no hay nada en firme, ya que pudiera ser que sólo mencionara nombres para evaluar el impacto, es lógico suponer que no serán los perfiles más idóneos sus próximos colaboradores. Dios los hace y ellos se juntan, quizá por ello la verde expanista Sonia Hernández solicitó a la ciudadanía un voto de confianza.
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Un muy sentido y particular abrazo para mi querido amigo Jesús Garza Herrera, y en general para sus hermanos, por el sensible fallecimiento de su señor padre, el licenciado Virgilio Garza y Garza.
Gracias por la lectura.