“Aprender a estar” en una de las tantas versiones de las lecciones que la vida da. Esta vez después de intervención en rodillas que, románticamente hablando, pareciera metáfora de una ventana que se abre para pasar un buen rato en compañía de buenas lecturas, familia, pelis y series y un descanso que se extiende de una semana a otra y que empieza a dar hormigueo interno; ése que te avisa que ya acabaste de estar en esta convalecencia.
La vida se ve un poquito diferente desde ese reposo por prescripción, aunque el alma dé para andar de una esquina de otra. Ni hablar, hay que quedarse quieta, apoyar poco, quitar peso y en general no hacerse la valiente bajando o subiendo escaleras. Así pasa la primavera y empieza el verano que veo desde la ventana.
Por la pantalla de la compu me pasa noticia la vida: gira a Waschington D.C.; audios inaudibles, sandeces a primera en la mañana y a última hora en algo que empieza a sonar como la hora de jaguar o algo así, para finalmente cambiar la transmisión y el input de la tv y entrar en la verdadera ficción, que tiene más verosimilitud que lo que sucede en los antiguos palacios del imperio mexicano o de las casas blancas o rosadas de otros países.
En ese input está por ejemplo, la serie “the first lady” por si alguien quiere conocer la faceta no oficial de D. Roosevelt o el charming de Bety Ford y la entereza de Michelle Obama. Imaginemos una serie en el canal de las estrellas en donde el protagonismo se lo llevaran las últimas primeras damas de nuestro querido México ¿cómo se llamaría esa serie?
Otra opción son las series danesas: las serias y las no locuaces, ambas cumplen cabalmente el objetivo de entretenerme y como ejemplo están “Borgen” para los que quieren aprender cómo se hace política en Dinamarca y ”Amor y Anarquía” para dejar las formalidades en un cajón . Pero la primicia se la lleva el abierto de Wimbledon, con la fuerza y la voluntad de Nadal, la superioridad de Djokovich, la novedad de las tenistas jóvenes que relevan a las divas como Serena Williams y María Sharapova. Y sin faltar los exabruptos de un Kirgyos que ¡ah, qué bien juega, pero qué mal se porta!
En fin, agradecida por poder pasar así una convalecencia ortopédica que esperemos llegue pronto a su fin porque, aunque el streaming televisivo es casi infinito, yo ya estoy acabando de estar y me urge otra dinámica que me haga sentir un poco más viva.
¡Cuídense! que la salud, ésa, no es infinita.
¡Ah, y gracias por leerme!