¡Ay, qué tiempos, señor Don Simón!

Expresión que cobrara fama a partir del estreno de la película del mismo nombre, protagonizada por el extraordinario Joaquín Pardavé, es una comedia adelantada a su época, pues aunque la cinta se contextualizaba en el ocaso del Porfiriato y satirizaba ese tiempo, en el año de su estreno (1941) la doble moral mexicana estaba lejos de ser superada y, salvo su mejor opinión querido lector, no andamos muy lejos de la Liga de las Buenas Costumbres a la que perteneció Don Simón. Y me refiero a este filme porque recientemente escuchaba con atención a tres políticos políticos ya entrados en sus bien vividas seis décadas sino es que siete, discutir sobre el tema de actualidad: el próximo proceso electoral, y no pude evitar sorprenderme como se entiende la política desde otra generación, con elocuencia un tanto barroca intercambiaban interesantes conceptos, con tal añoranza entre sorbo y sorbo de café, que el brillo de sus ojos reflejaba una nostalgia indescriptible que no pude evitar imaginarles en sus años juveniles aplaudiendo en aquellos apoteósicos mítines que tanto gustaban a López Portillo o Echeverría. Así, transcurrió esa charla entre citas y anécdotas inverificables, entre el “te acuerdas”, “el conociste” y el “ya falleció”, en donde por supuesto no faltó también la frase de que: “todo tiempo pasado fue mejor”. De política se habló de todo, desde como se ganaban antes las elecciones por “carro completo”, hasta las “tamalizas” o “carruseles” en la que participaban curiosos animalitos con grandes ojeras, creo que les llamaban “mapaches”; al final, una llamada entró al móvil de uno de estos caballeros, “son mis nietos” les presumió a sus colegas, pagaron la cuenta y se retiraron. Inevitablemente su charla me llevó a recordar al excéntrico poeta inglés Charles Caleb Colton, aquél que acuñó la frase: “Volver la vista atrás es una cosa y marchar atrás, otra”, como historias y experiencias de vida la charla fue riquísima, pero regresar al México del Señor Don Simón o al de la hegemonía, no muchas gracias. La democracia en todo, llegó para quedarse, la transparencia, la crítica, la prensa libre, los derechos humanos, la sociedad exigente, el pluralismo, la diversidad. El Estado control, ese que describía Foucault ya no existe y esto no es malo, por el contrario es positivo que el Estado no controle todo, es sano siempre evolucionar, la nueva normalidad debe ser tomar sana distancia, pero del autoritarismo, entender que las y los ciudadanos serán cada día más y más exigentes, porque han cobrado conciencia que el sólo pago de impuestos les genera el derecho de hacerlo, el reto hoy desde el Estado para quienes dediquemos la vida a la política, es tener siempre respuestas. Pero no respuestas anacrónicas, esas ya no tienen cabida, el dinamismo social hoy también posibilita a lo que muchos le temen, replantear el Estado repensando sus Instituciones, si no lo hacemos es altamente probable que nos pase lo que al personaje de García Márquez -Juvenal Urbino-, caeríamos fácil de las trampas caritativas de la nostalgia. En México los añorados tiempos del Señor Don Simón, ya se fueron y no volverán, aunque algunos trasnochados los quisieran ver regresar, los ciclos que traen consigo la vorágine social del cambio continuo y constante no lo va a permitir, es algo absolutamente natural. Yuval Nohari el aclamado historiador hindú, refiere que este momento, justo este 2020, en medio de una pandemia inesperada, se nos ha dado la oportunidad como ciudadanos de observar como respondieron los gobiernos frente a esta crisis, basta hacer ese ejercicio y tener esa relexión, a la que me sumo, reconocer este momento como “un punto de inflexión”, con un rumbo que aún no está definido, el camino que tomemos dependerá de nuestras decisiones, pero de algo estoy cierto estimado lector, el rumbo no será para atrás. Nota al pie y hablando de cambio social, ¿se convertirá Kamala Harris en Vicepresidenta de Estados Unidos? Al tiempo. 

Twitter @Jorge_Andrés78.  

jorgeandres.manoizquierda@gmail.com