“La vida no es la que uno vivió,
sino la que recuerda y cómo
la recuerda para contarla”
Gabriel García Márquez.
Hace dos días se cumplieron cincuenta años del vergonzoso hecho violento en contra de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Y como se han dado una serie de conmemoraciones, comentarios, posturas, reportajes y entrevistas a los actores de esa época, es que su servidor el día de hoy se permite exponer mi experiencia personal en los sucesos de aquel octubre de 1968.
Quien esto escribe, lo digo en broma a quien quiera oírlo, que yo fui parte del movimiento y agitación de aquel 2 de octubre, y aunque veía las caricaturas de Shazzan, Astro Boy y Meteoro, recuerdo lo sucedido esa tarde-noche. Explico cómo es que estaba ahí, “in situ”, percibiendo a todo color lo que acontecía. Había que efectuar una “Operación Policial de Extracción” de la media hermana de mi padre y de sus hijos, que vivían en ese entonces en Tlatelolco en el edificio “Nuevo León”, mismo que se colapsó en el terremoto del 85; la idea era primero lograr que salieran a las mujeres y a las niñas por Av. Paseo de la Reforma, que estaba sitiada y cercada por tanquetas del ejército, y que por su calidad de mujeres tal vez no tendrían ningún problema. La dificultad real de la extracción era el único hijo de mi tía, un joven adolecente de melena larga que nada tenía que ver con el movimiento estudiantil pero que por su aspecto pudiera haber sido fácilmente detenido.
Es así, que nos embarcamos mi padre y su servidor, (es a la fecha no sé qué pitos tocaba yo), pero en fin, el caso es que fui con mi papá al rescate. Mi padre se puso a realizar el PSO -Procedimiento Sistemático de Operación-, previo análisis de la información recibida vía telefónica por mi tía, sobre la situación en la que se hallaban, empezó a desarrollar el ciclo de la inteligencia, obtenida la información, la transformó en inteligencia y se puso sobre la mesa del comedor de nuestra casa.
¿Qué hacer y cómo hacerlo? Primero, una dirección del operativo, mi padre al frente con un plan, organizó los medios, aprobó quien llevaba el mando (él por supuesto), coordinó y controló.
Desde la mañana de ese día había ya movimientos sospechosos en Tlatelolco, sujetos vestidos de civil de pelo tipo corte militar recorrían los andenes, azoteas y edificios. Todo alrededor de tercera sección de Tlatelolco, al poniente Santa María la Rivera, hoy Eje Central Lázaro Cárdenas, al sur Flores Magón, al norte Manuel Gonzales y al oriente Av. Reforma, era un cuadro perfecto para bloquear salidas y entradas.
¿Cómo librar el cerco y llegar al edificio a salvar a la tía y a sus hijos? Había que generar identidades falsas y creíbles para poder ingresar, así como una cobertura lógica ya que nos íbamos a enfrentar a “halcones”, “olimpias”, militares, elementos del Estado Mayor Presidencial, granaderos, policías de las Procuradurías General y del Distrito Federal, etc. Con los contactos de mi padre en el entonces Departamento del Distrito Federal, un amigo del amigo de otro amigo que era conocido de aquél, le consiguió a mi padre un salvo conducto cómo escolta del General Alfonso Corona del Rosal, es así, que de la noche a la mañana se convirtió mi padre en Guardia de Protección Personal.
La logística parecía sencilla: Partir en el vehículo de mi padre que era un carro francés marca Simca 1000 de cuatro puertas, dejárselo a mi tía para que en ese carrito más familiar pudiera saliera con sus hijas y nosotros irnos en la camioneta Ford pickup de la tía, que para acabarla de fregar con placas de circulación de California y para mala suerte se encontraba estacionada en el costado interior del Jardín de Santiago, que su única entrada y salida era por el lado sur a Flores Magón, a un lado del edifico de Relaciones Exteriores que era el paso obligado de autos a la Plaza de las Tres Culturas, pasando por el Templo de Santiago y la parroquia de Santo Apóstol, y por estrategia militar fue el primer perímetro altamente resguardo por los militares.
TAPANCO: Día D, martes 2 de octubre: 1400 horas, salida al encuentro de la tía, 1700 horas, contacto con la tía y sus hijos, 1730 horas, conseguimos extraer a mi tía y a sus hijas por Av. Reforma, 1735 horas, salimos mi primo y mi papá pie a tierra por los andenes del club deportivo Antonio Caso, cruzando por el edificio “Chiapas”, rumbo al lugar donde estaba estacionada la camioneta, todo el tiempo “charoleando”, 1830 horas, circulábamos ya por el puente Nonoalco Tlatelolco y observo tanques ligeros, jeeps, y soldados pecho a tierra con bayoneta calada. Noto fuegos artificiales, mi padre nos arroja al piso de la camioneta y solo escucho el tronar de los cuetes. Así lo recuerdo para contarlo y así lo viví, el 2 de octubre todavía no se difumina.