Brasil presenta una nueva cara en sus elecciones presidenciales y el tema ideológico es menos relevante de lo que la mitad de continente esperaba. Nadie se puede bañar dos veces en el mismo río y eso pasa en el Amazonas. Y es que los brasileños han cambiado no sólo la faz de su población, sino en economía, regiones, religiones y vínculos con el mundo.
Como pasa en el grueso de América Latina, la población brasileña está cansada de luchas ideológicas. Va a la elección de su presidente el 25 de octubre con preocupaciones prácticas. Italia y China agregan ingredientes al cocktail brasileño, mueven su comportamiento y preferencias políticas.
Un factor del que no se hablaba abiertamente sobre los brasileños es el italiano. Brasil cuenta la mayor comunidad de descendientes de italianos fuera de Italia, por encima de Argentina. Se estiman hasta 35 millones de ítalo-brasileños, de los cuales un alto porcentaje asiste a las urnas. En São Paulo, el estado más poblado, hay alrededor de 12 millones brasileños de origen italiano, 30% de la población. En Santa Catarina superan los 2.7 millones (45%) y en Espírito Santo alcanzan los 1.7 millones (48.6%).
Otro cambio. Brasil se ha vuelto más agrícola y esto influye en las votaciones presidenciales. En las últimas 3 décadas, más de 5 millones se mudaron al campo, a las nuevas zonas agropecuarias, según el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento. Este fenómeno se relaciona con el aumento en la producción y exportación de soya, maíz y arroz, así como otros granos y carne. Sólo entre 1992 y 2022 nacieron 319 ciudades vinculadas a la agricultura y la ganadería.
Los brasileños han desarrollado extensiones de alta productividad agropecuaria con la incorporación de tecnología. Por ejemplo, en 2023, el PIB por habitante de la “nueva región agro” Centro-Oeste superó 11% al Sudeste, donde se ubican São Paulo y Río de Janeiro que históricamente concentraban el desarrollo industrial y de servicios. De ahí proviene otra diferencia que muchos han obviado. Las preferencias políticas de la gente del campo suelen diferenciarse de las del sector urbano, industrial y los sindicatos de las ciudades.
La presencia china en Brasil no tiene como prioridad al socialismo, sino que está vinculada a una dinámica de negocios. Hay un cabildeo representativo de empresas automotrices como BYD y GWM, de tecnológicas como Huawei, de sectores eléctricos y petroleros, presentes en el Consejo Empresarial Brasil-China, según Daphne Zhang y Peter Hobson de Reuters. Además, el “lobby ruralista”, que encabeza el agronegocio en el congreso brasileño, funciona como un aliado tácito del lobby de Pekin. China es comprador clave de soya y carne de res, sustantivas en las exportaciones brasileñas. Así, el comercio entre Brasil y China alcanzó el record de 171 miles de millones de dólares en 2025. Esa liga no es ideológica y seguirá ahí, gane la derecha o la izquierda.
Lo más importante en esta elección presidencial es que los brasileños no son los mismos que en los años 90. La población ha dejado de crecer, hay menos jóvenes y el envejecimiento modifica la demanda de vivienda y servicios urbanos. Con menos trabajadores disponibles, aumenta la necesidad ser más productivos y apostar por la innovación tecnológica. La transparencia y el estado de derecho son temas no ideológicos entre el electorado.
(Especialista en geopolítica y miembro de Comexi)