Parece que el presidente está cansado. No sabe, no quiere o no puede ocuparse y hablar de los verdaderos problemas del país. Como que quiere aventar la toalla, como se dice en el argot del boxeo. De otra forma no se explica que haya usado sus mañaneras para empezar a desatar a los demonios de las ambiciones y el ansia de poder, que se empezaron a notar a partir de que ya adelantó algunos nombres, que ya seguramente provocarán patadas por debajo de la mesa.
Como si no hubiera en el país grandes problemas que exigen la atención del primer responsable del país, violencia, delincuencia, inseguridad, falta de salud y medicamentos, corrupción, pobreza creciente, etc., etc., el presidente comete la impertinencia de desatar anticipada e innecesariamente, desde sus soporíferas y arregladas conferencias, las presiones y las ambiciones de sus partidarios, cuando desde hace varios meses empezó a citar nombres de quienes pudieran ser sus sucesores.
Faltando todavía más de tres años para la elección del presidente de la república, fue justamente el actual, López Obrador, quien con su verborrea incontenible, desató y las especulaciones desde hace varios meses en una de sus entrevistas matinales prefabricadas a su gusto, al empezar a hablar de los posibles candidatos de su partido a sucederlo, Ebrard y Sheinbaum entre otros, pero que quedaron desgastados por la tragedia de la Línea 12 del Metro, en la cual, a querer o no, ambos tienen responsabilidad; el primero porque fue quien ordenó la construcción y la segunda, Sheinbaum, por la falta del debido mantenimiento y vigilancia del estado de las líneas. Estamos en espero del informe final que ofreció el presidente al pueblo de México, que esperamos sea honrado y no haga caer toda la culpa en unos cuantos modestos trabajadores nada más.
Y ya también el presidente la embistió contra Ricardo Anaya, inventándole no sé qué delitos, pero haciéndole llegar ya un citatorio que “de parte de la Fiscalía”.
“López Obrador negó querer encarcelarme, pero resulta que acaba de llegarme el citatorio para una audiencia en el reclusorio Norte.” “Los delitos que me imputan solo suman 30 años de prisión. ¿Menos mal que su fuerte no es la venganza! Vamos para adelante hasta donde tope”. Añadió Anaya: “Busca callar a la oposición por medio del uso de las instituciones.”
Por su parte Obrador reaccionó al video que lanzó Anaya pidiéndole “que se presente si no tiene nada que esconder y que, si va a la cárcel, saldrá más fortalecido, como le pasó a Mandela y a Gandhi”.
Los embates verbales de Obrador contra Ricardo Anaya, por el tiempo que le dedica en las mañaneras, no son más que una evidencia del miedo que le tiene. Resultan hasta ridículos Lleva ya 5 días consecutivos cuestionando a Anaya y acusándolo sin pruebas, solo afirmando que Anaya asistía a los Pinos y era amigo de EPN, lo cual es a todas luces otra mentira, porque Anaya hizo críticas duras del gobierno de Peña, durante casi todo su sexenio. Además, según el presidente. Anaya era alumno de Fernández de Ceballos cuando este iba a Los Pinos y tenía buena relación con Salinas, Anaya no había cumplido . . . . 10 años.
Recordemos: varios meses antes de la elección federal del 2018, López Obrador en connivencia clara con Peña Nieto, levantaron una infame calumnia contra Ricardo Anaya, candidato del PAN a la presidencia de la república, para desacreditarlo, difamarlo y bajar sus niveles de aceptación en todo el país, acusándolo falsamente de lavado de dinero de 54 millones de pesos, para reducir o eliminar sus altas posibilidades de derrotar a López Obrador y llegar a la presidencia de la repúbli ca, porque Anaya había anunciado que al llegar a la presidencia, lo metería a la cárcel. Para este pérfido propósito, AMLO y EPN contaron con la Procuraduría General de la República, acatando las órdenes del entonces presidente.
El equipo de campaña de Anaya negó siempre éstas acusaciones y señaló al gobierno de EPN del partido Revolucionario Institucional, “de haber usado la Fiscalía para orquestar una campaña contra Anaya y favorecer a su candidato José Antonio Meade”, que acabó obteniendo un 16% de los votos. Favoreció además al AMLO, con quien pactó Peña Nieto, para no ser perseguido por su desatada corrupción como lo hemos visto hasta ahora, pero a quien no toca ni con el pétalo de una flor y se dedica a disfrutar de su fortuna mal habida en Europa con todos los lujos habidos y por haber: Yates, suites de lujo en los hoteles, avión particular, fiestas con el jet set, etc. Se evidenció así la complicidad entre ambos.
Fue tan descarada, o mejor dicho, tan cínica esta acción, que apenas pasó la fecha de la elección, la Fiscalía General de la república, retiró los cargos, por falta de pruebas, falsos todos ellos, contra Anaya, como lo publicó el Diario Reforma. Aún antes del día de la elección Anaya denunció ante los mexicanos, que ya se habían puesto de acuerdo Obrador con Peña, para levantarle esa falsa acusación usando a una fiscalía totalmente sumisa y que sí tuvo efectos con una propaganda masiva anti-Anaya, con una disminución considerable respecto a la aceptación que traía apenas 2 o 3 meses antes.
No se puede afirmar que sin la calumnia que le levantó la Fiscalía a Anaya a principios del 2018, éste habría ganado la presidencia, pero sí es perfectamente válido afirmar que sin esa infamia que, más que en contra de Anaya, fue en contra del pueblo de México, los resultados numéricos habrían sido muy diferentes y en el congreso el partido de la 4t no habría tenido la mayoría calificada que le permitió realizar sus tremendas pifias y errores que costaron tanto al país como las cancelaciones del AICM, la cervecera Constellation Brands de Mexicali o los proyectos absurdos del tren Maya o la refinería de Dos Bocas, que junto con Santa Lucía y los programas fallidos como el INSABI, le han representado al país gran atraso económico, social y de imagen pública para promover las inversiones.
Ahora, se repite la historia. Ricardo Anaya vuelve a surgir como un posible fuerte aspirante a la presidencia de la república para el 2024, las acusaciones de Obrador, lo están haciendo crecer, ahora con más fuerza aún y más credibilidad que en el 2018, cuando quedó dividido su partido el PAN, por su rivalidad con Margarita Zavala y porque las circunstancias del país, reclaman a un candidato valiente y combativo que tenga las agallas para desenmascarar a Obrador como lo que es, un mentiroso y un corrupto que se viste de santurrón de la política y dizque protector de los pobres, pero que en los hechos ha demostrado que no solo nos los ha protegido, sino al revés, los ha empobrecido aún más y ha aumentado su número en más de 4 millones, a pesar de que él lo trate de negar. Los Números del INEGI y del CONEVAL no mienten y son datos verídicos, no como las falacias del presidente.
Por lo pronto Anaya ya le dijo a Obrador, que sí asistirá a la cita con el juez, siempre y cuando sus dos hermanos, Pío y Martín asistan el mismo día y a la misma hora a ser juzgados por el mismo juez por sus desvíos de dinero público.
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