Será un verano singular. Nos esperan unas semanas en las que habremos de consolidarnos en la “sana distancia”, y ojalá “en la salud” y no en la enfermedad. Mi humilde punto de vista es que a falta de claridad, hay que echar mano del sentido común comunitario que tan perdido tenemos.
El optimismo es uno de esos pequeños salvavidas a los que vamos a tener que recurrir durante los próximos meses y al parecer en el curso del 2021.
Ahora nos hemos vuelto muy chuchos para comunicarnos y reunirnos en la virtualidad. Sin dejar de extrañarlos, hemos sustituido los abrazos con una serie de etiquetas y frases que trasmitan nuestros sentimientos y emociones. Los hay de la india María de quien las nuevas generaciones no tienen memoria pero que los viejos han rescatado para reírnos de algo que quizá en su tiempo, no nos causaba tanta gracia.
Las reuniones en zoom son ya parte de nuestra cotidianidad, tanto para trabajar desde casa como para ver a los amigos y familiares que aunque viven cerca, no hemos visto en largas semanas.
Y aunque a veces dan ganas de mandar todo esto al diablo, el sentido común, la posibilidad de riesgo o el miedito, nos hacen recapacitar y hemos preferido seguir extrañándolos que ponerlos en riesgo.
La vida tiene sus curiosidades y sus misterios y en medio de las tormentas de arena importadas del Sahara, la posibilidad de que se reelija el inquilino de la Casa Blanca y de que se queden en el limbo las energías limpias, tenemos motivos para tener ese sentimiento que nos saca a flote que es la esperanza.
Ésta viene en diferentes presentaciones para cada persona o familia: algunos han encontrado motivos para reconciliarse en la distancia, a sanar viejas rencillas pues quizá el exilio familiar nos ha hecho distinguir lo que realmente es importante entre las personas que queremos.
Hay quienes han descubierto que la tecnología es más que una red social para denostar a quien no piensa como uno quisiera, sino que es una herramienta que nos ha acercado con personas que no sabíamos que podríamos tener tanta afinidad.
Los grupos en línea de posgrado han derivado en sinceras amistades, unidas por razones que no imaginaríamos tener con personas a las que no hemos visto nunca más que a través de un mensaje de texto, un chat grupal, o la lectura de un ensayo académico.
Quizá hemos apagado ciertas emisiones televisivas o en streaming, pero nos hemos conectado en causas sociales mundiales y hemos percibido que el mundo nos acoge y que nosotros debemos proteger ese hogar que la naturaleza nos ha regalado.
Mi verano llega con una noticia fenomenal ¡me convertiré en abuela! y si eso es motivo para ver que la vida es más que bella. Pasaré a una etapa nueva que seguro vendrá llena de sorpresa y deliciosos lugares comunes. Por eso me atrevo a decir que la vida, con todo y el Covid, ¡es una chulada!