Finalmente y contra todo pronóstico Enrique Galindo será de nueva cuenta el candidato de la alianza opositora, en búsqueda de la reelección en la alcaldía de la capital. La designación acabó sorprendiendo a propios y extraños ya que parecía que no tenía ninguna posibilidad de lograrlo, teniendo en cuenta la compleja situación de su propio partido y la aparente intención panista por ser ellos quienes con sus siglas encabezaran la coalición. Lo que vino después fue ritualismo: anunciar, tomado de la mano con Rubén Guajardo (uno de los dos suspirantes panistas) el beneplácito por su candidatura producto del consenso general; muy notoria fue la ausencia de Azuara, el hermanito, quien no asistió porque se fue a hacer berrinche.
La verdad sea dicha, no fue que hubiera un acuerdo producto del consenso ni que faltara David Azuara por bilioso, sino que en medio de una labor policiaca Galindo ubicó a Rubén Guajardo, quien estaba a punto de hacer pública su rabieta por no haber sido favorecido, y con aquella prontitud que no aplica en atender los problemas de la ciudad, dio madruguete haciéndose el aparecido para anunciar que gracias a un acuerdo era él el ungido. Los medios de comunicación creyeron o fueron parte del teatrito galindista.
Días antes, recordemos, primero en la ciudad de México y después en nuestra ciudad, las reuniones entre panistas hacían ver la importancia de que fura panista el abanderado; tras bambalinas Verónica Rodríguez la dirigente panista, apelaba al sacrificio a favor de Galindo angustiada por la posibilidad que fuera Azuara el hermanito quien resultara designado. A inicios de semana, todavía, se convocó a una reunión en la que acompañados por un delegado del nacional, en la que al hermanito y a Guajardo se les reafirmó que Acción Nacional sería el partido que encabezaría la elección a la alcaldía de la capital. Se acordaron encuestas, una designación y se escucharon las lecturas de la carta a Santa Claus de los interesados y se acordó respetar en todo momento lo ahí acordado y signado.
Dado el parentesco de los Azuara parece poco probable que David ignorara el rumbo que tomarían las negociaciones, pareciera que el único chamaqueado fue Guajardo; es decir, todo indica que hubo un arreglo detrás de éste, impulsado o al menos apoyado por Verónica Rodríguez, pero esto no sería posible sin el aval de Xavier Azuara quien, desde luego, no dejaría descobijado a su hermano. Por otro lado sorprende el desprecio con el que trataron a la base panista quien en todo momento, en varias ocasiones y a través de diversas voces, habían manifestado la importancia de que fuera panista el candidato a la alcaldía de la capital, por lo que habría que considerar que muy posiblemente Galindo y quienes lo impulsaron no contarán con su apoyo.
Hay que cuestionar también qué se negociará en la operación cicatriz, no sólo para los afectados directos, sino para el propio partido, no hay que perder de vista que Acción Nacional es casi un cadáver que con sus últimos alientos está reviviendo a un muerto, como lo es el Revolucionario Institucional, cuyo principal beneficiado muy posiblemente ni siquiera, como acostumbra, respete los acuerdos establecidos.
Al margen de lo anterior debe reconocerse que Galindo cuenta con cierto capital político y que, guste o no, también con experiencia, lo cual le daba cierta ventaja sobre los otros dos contendientes, pero también consideremos que con todo y que pueda ser el mejor candidato (lo de alcalde está muy en duda), no aporta ninguna seguridad al triunfo de la oposición, máxime si fuera Sonia Mendoza la candidata de la alianza Verde-Morena-PT ya que influyen varios factores; entre ellos el grueso del voto oficialista que ella captaría de inmediato por diversos medios, más los del panismo lastimado, como ya se dijo, por el desdeño de su dirigencia, y los de aquellos que se encuentran convencidos de que Galindo no cumple y no me refiero precisamente a la ciudadanía, en la que también habría qué pensar.