El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano forma parte de la memoria colectiva y es el personaje que concita el reconocimiento de una clase política de todos los signos, como precursor del avance de nuestra democracia. Y dado que pertenece al recuerdo de una nación, en estos días se han volcado las expresiones de cariño y admiración de quienes vivieron la política y el cambio a través de su lucha.
Hace dos semanas en este espacio me referí a lo que sin duda se puede denominar la dinastía Cárdenas, por el legado que han construido, y que continúa, hoy con Lázaro Cárdenas Batel, igualmente discreto y con la doble herencia de su abuelo y de su padre. Justo en él, se mantiene vivo ese legado.
Fue a través de mi tío político, el ingeniero Alfonso Vaca, quien nos compartió la bella amistad con el ingeniero Cárdenas, en la que tuve oportunidad de conocer su generosidad y su planteamiento de fondo para la vida democrática de México. El ingeniero Alfonso Vaca fue su amigo, y secretario particular en varios tramos de su relación.
Posteriormente, me invitaron a formar parte de la Coordinación de Asesores de quien fuera su Procurador General de Justicia, el Doctor Samuel del Villar, cuando el ingeniero fue Jefe de Gobierno, a partir del 5 de diciembre de 1997. Como lo he contado públicamente, fue un honor formar parte de aquel equipo, dedicado a tomar las riendas para evitar sobresaltos durante la transición y, sobre todo, avanzar en el cambio del sistema de procuración de justicia capitalina.
Estos personajes sentaban la base del cambio de mando en el país, sin conocer en ese momento la dimensión, ni el tiempo en que ocurriría, pero tampoco cediendo en la lucha. Avanzado el proceso, mi adorada Conchis Tavera, muy amiga del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, me mandó un regalo de su parte, el busto de su padre, el General Lázaro Cárdenas del Río, que conservo en mi oficina desde ese día.
Nos reencontramos en una reunión con Juan Francisco Ealy Ortiz, Presidente Ejecutivo de esta casa editorial, en la que también estaba Porfirio Muñoz Ledo, dos políticos que fueron parte de una causa. Desde aquel encuentro me quedó claro que la ruptura del aparato de gobierno, encarnado en el PRI, significaba un acto de congruencia por objetivos mayores. No había traición, sino consecuencia con su ideario político.
En mi texto reciente escribí aquí que “en el México contemporáneo tenemos algunos personajes cuyos ancestros han figurado en la historia, donde dejaron una huella que pasa de voz en voz. En ocasiones los apellidos pueden representar una bendición o una carga, siempre dependiendo del actuar en la vida presente”.
Hoy, lamento profundamente la partida del ingeniero y reitero mis más sinceras condolencias a sus familiares y amigos. Lo hago tomando en cuenta su aporte a la nación, que lo hace un hombre imprescindible. Y expreso, convencido, que ser fiel a un legado no consiste en preservar el pasado, sino en mantener viva la llama de un proyecto compartido con valores y justicia democrática. Ese es el reto o encomienda que queda, en quienes reciben la herencia moral.
Estos últimos días de octubre de 2026 quedarán registrados en la historia, no solo por el homenaje que recibió el último gran demócrata republicano del siglo XX en el Palacio de Bellas Artes y, por parte del “Cuarto Poder” y de la clase política, sino también porque fueron fechas en las que, como pocas veces, hubo un sólo México. La dinastía Cárdenas unió al país, pues en un momento de duelo no existió la izquierda ni la derecha, y unánimemente se volcaron las muestras de cariño y reconocimiento al ingeniero Cárdenas. Descanse en paz.
Por ello, vaticino que su hijo Lázaro tiene mucho por hacer por nuestra nación. Lo ha hecho por años, pero su futuro está por seguir sembrando y honrando a su padre y a su abuelo. Por México.
@UlrichRichterM
(Abogado y activista)