La cercanía del Mundial de Futbol 2026 es cita deportiva de escala planetaria, así como prueba política, administrativa y simbólica a jugarse en la forma como la ciudad se organiza, presenta y gobierna.
El evento deportivo es una ventana doble: hacia afuera, es escaparate de capacidad institucional; al interior es catalizador de decisiones y eficiente supervisión de las mismas.
La proyección internacional de la capital nacional ha comenzado a construirse desde la interlocución política. La participación de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada en la XXXVII Reunión de Titulares de Embajadas y Consulados, a invitación del Canciller Juan Ramón de la Fuente, marcó un punto relevante: la ciudad dejó de ser un actor periférico en la conversación diplomática para asumirse como pieza clave en la imagen del país.
Entender al Mundial como oportunidad para que la capital funcione como ventana nacional implica que cada decisión urbana —desde la movilidad hasta la seguridad— será leída como un indicador del estado institucional de México. La ciudad, en este contexto, no solo hospeda partidos, alberga expectativas, juicios y comparaciones globales.
Uno de los ejes más sensibles de esa proyección es la seguridad como sistema de coordinación, prevención y respuesta. La operación descansa en una infraestructura de videovigilancia robusta y en protocolos interinstitucionales para garantizar orden sin vulnerar derechos.
La dimensión internacional de la capital también se cruza con el momento diplomático del país. La defensa de la soberanía de las naciones, en particular frente a lo ocurrido en Venezuela, ha sido una postura firme del gobierno federal expresada con claridad por la Presidenta Claudia Sheinbaum con eco en la narrativa desde la CDMX.
Esa convergencia entre las posiciones de Sheinbaum y Brugada responde a una lectura compartida del contexto internacional. La Ciudad de México no puede aspirar a un liderazgo global si no entiende que la soberanía también se defiende desde lo local: en la capacidad de decidir prioridades, proteger a su población y dialogar con el exterior sin diluir su agenda.
En este marco, algunas decisiones adquieren peso estratégico mayor. El anuncio de que la renovación integral de la Línea 3 del Metro comenzará concluido el Mundial y se extenderá hasta 2028 es ejemplo de planificación que rompe con la lógica del parche.
Postergar una obra necesaria para no colapsar la ciudad durante el evento, pero comprometer su ejecución en el mediano plazo, envía una señal doble: sensibilidad política ante la coyuntura y responsabilidad frente a la necesidad estructural.
Nada de esto garantiza el éxito automático, pero la diferencia entre una ciudad sólo de hospedaje y una con liderazgo radica en su capacidad de aprender, ajustar y dejar legado.
@guerrerochipres