“Te pago para que
me pegues. ¡Pues no faltaba más!”.
José López Portillo, 1982
Ayer la presidenta Sheinbaum presumió que su gobierno no contrata publicidad con ciertos medios. “Hay algunos a los que no les damos. TV Azteca no recibe, Reforma tampoco, El Universal tampoco. Abiertamente lo digo”. Esta política, sin embargo, viola los “Lineamientos generales para el registro y autorización de las estrategias y programas de comunicación social”. La mandataria no puede argumentar que son producto de los gobiernos liberales que tanto odia. Se publicaron el 4 de enero de 2021 en el gobierno de López Obrador.
Los lineamientos señalan que “el otorgamiento y distribución de publicidad oficial debe realizarse bajo criterios objetivos, imparciales y transparentes que garanticen la igualdad de oportunidades”. No es el caso ahora. Los tres medios a los que no les da publicidad se cuentan entre los más importantes.
Las presiones a los medios prevalecían en los tiempos en que el PRI era el partido hegemónico. Los directores de la mayoría de los periódicos se reunían con el presidente en el “día de la libertad de prensa” para alabarlo y agradecer la “libertad” de la que gozaban. Los críticos, en cambio, eran castigados, como El Norte de Monterrey en los setenta, al que se le recortó la provisión de papel que le vendía el monopolio gubernamental PIPSA, o Proceso, al que José López Portillo le retiró la publicidad por sus críticas a la corrupción gubernamental.
El 7 de junio de 1982 López Portillo respondió a una pregunta sobre el boicot a Proceso: “¿Una empresa mercantil organizada como negocio profesional tiene derecho a que el Estado le dé publicidad para que sistemáticamente se le oponga? Esta, señores, es una relación perversa, una relación morbosa, una relación sadomasoquista que se aproxima a muchas perversidades que no menciono aquí por respeto a la audiencia. Te pago para que me pegues. ¡Pues no faltaba más!” (Carlos Monsiváis y Julio Scherer, Tiempo de saber: Prensa y poder en México”, 2003).
Sin embargo, los recursos públicos no son propiedad del gobernante. La publicidad oficial tiene como objetivo comunicar información importante sobre los asuntos de interés público. Su propósito no es comprar conciencias ni castigar a los críticos.
Ayer la presidenta se quejó una vez más de “los comentócratas, porque es tan absurdo lo que dicen que ni tiene caso estar aclarando cada cosa, pero es parte de un vínculo que tienen entre todos ellos, que no quieren al gobierno. ¿Y por qué no lo quieren? Pues porque no les damos chayote. porque nosotros no le damos dinero a un periodista, a un reportero, para que digan lo que queremos que digan”. Añadió que “hay recursos que se distribuyen en medios de comunicación a partir de sus audiencias”, pero no a los tres ya mencionados, “porque también en particular TV Azteca, pues ustedes saben que tiene que terminar de pagar sus impuestos”.
El gobierno ya no da a conocer cómo distribuye el gasto de publicidad, cosa que debería hacer, pero la información disponible sugiere que entrega dinero a los youtuberos que lo alaban, sin importar sus audiencias, y a La Jornada, que refleja sus puntos de vista. Es chayote puro. TV Azteca ha pagado los impuestos que el gobierno le ha exigido después de agotar sus recursos legales. La presidenta no explicó por qué boicotea al Reforma y El Universal, pero son periódicos reconocidos por su independencia informativa.
Sheinbaum ha adoptado las políticas del viejo PRI y en especial de López Portillo. No le preocupa violar los lineamientos de gasto en publicidad. Utiliza los recursos como arma para premiar a quienes le aplauden y castigar a quienes la critican. No es correcto.
En Sonora
Dolia Estevez ha publicado una lista de cómo el gobernador de Sonora, Arturo Durazo, repartió en 2025 la publicidad oficial. “Agitprop, del extremista español Pablo Iglesias, [es] el único chayotero extranjero con 4.5 millones de pesos”.
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