Chipi chipi

 Con ese nombre es llamada la lluvia lenta y mansa que está cayendo ahora en mi huerto campesino. 

No es lluvia lluvia esta pequeña lluvia. Silenciosa como oración, llega con suavidad, como caricia, y penetra en la tierra con morosidad de sabio amante. Las raíces de los nogales, los manzanos, los perales, los durazneros, las higueras, los ciruelos, la beberán despacio, y la guardarán para hacer con ella frondas en la primavera y en el verano frutos.

No se oye bien la frase, pero yo digo que esta lluvia es Dios licuado. Por ella habrá mañana hierba para los animales y para el hombre pan. Es una bendición. Dan ganas de salir y alzar los brazos para agradecerla. Yo lo haría, pero con la edad viene la sensatez, virtud estólida que frena las buenas intenciones.

No oigo la lluvia como quien oye llover. La oigo como quien oye vivir. Abro la ventana, y en el hueco de la mano recojo un poco de esta agua del cielo. Me la llevo a los labios. No me distraigan: estoy comulgando.

      ¡Hasta mañana!...