Hay gobiernos que primero estudian, luego deciden y finalmente anuncian. En San Luis Potosí hemos descubierto un método más creativo: primero se anuncia, después se vuelve a anunciar, luego se fija una fecha, se incumple y finalmente alguien pregunta cómo debía hacerse.
La separación de Soledad de Graciano Sánchez del INTERAPAS es un magnífico ejemplo.
No discutiré hoy si el municipio debe abandonar el organismo. Incluso existen razones que pueden justificar una revisión profunda del modelo metropolitano del agua. El problema es otro: la enorme distancia entre gobernar y anunciar que se gobierna.
La historia viene de lejos.
En mayo de 2023, Ricardo Gallardo ya respaldaba públicamente la independencia de Soledad respecto del INTERAPAS. Sostenía que el municipio era autosuficiente, que aportaba más de lo que recibía y que podía administrar directamente el agua.
En octubre de 2024 el gobernador se reunió con los alcaldes de San Luis y Soledad para discutir otra vez la desincorporación y hasta la eventual desaparición del organismo.
Hasta ahí podrían alegarse estudios, negociaciones y prudencia.
Pero después llegaron las fechas.
El 7 de julio de 2025 Gallardo anunció que a partir de enero de 2026 Soledad tendría su propio organismo operador y dejaría definitivamente al INTERAPAS.
Enero llegó.
INTERAPAS también.
Entonces apareció una nueva fecha.
El 29 de abril de 2026 el gobernador aseguró que el proceso comenzaría en mayo y que entre mayo y junio Soledad tendría que estar desincorporada.
Un día después la precisión fue todavía mayor: 30 de mayo.
Por fin teníamos fecha de defunción.
Pero el cadáver siguió respirando.
Terminó mayo. Terminó junio. Y en julio el gobernador volvió a decir que era “urgente” que Soledad saliera del organismo.
La pregunta resultaba inevitable: ¿urgente? ¿No había salido ya?
Llegamos al 15 de septiembre y Gallardo nuevamente pidió al Ayuntamiento soledense que definiera su salida y creara su organismo operador.
Y apenas el pasado 28 de septiembre, durante su segundo informe, el alcalde Juan Manuel Navarro anunció que comenzarían los procedimientos administrativos para desvincularse.
Comenzarían.
Después de más de tres años de discursos.
Después de anunciar enero.
Después de anunciar mayo.
Después de anunciar el 30 de mayo.
Ése es el problema que bauticé como Choleagua.
No se trata solamente de agua ni de INTERAPAS. Se trata de una forma de ejercer el poder público donde el anuncio pretende sustituir al acto administrativo y la propaganda camina varios kilómetros delante del expediente.
INTERAPAS no es un grupo de WhatsApp del que uno sale pulsando un botón. Es un organismo intermunicipal creado mediante decreto, con personalidad jurídica, patrimonio, infraestructura, trabajadores, derechos, obligaciones, usuarios, activos y relaciones financieras.
Separar un municipio supone resolver cuestiones jurídicas, patrimoniales, laborales, financieras, tarifarias, hidráulicas y operativas. Hay que determinar quién conserva pozos, redes, equipos, cartera, adeudos, infraestructura y obligaciones. Y, sobre todo, quién garantiza que al día siguiente de la separación salga agua de la llave.
Precisamente por eso resultan difíciles de comprender tantos anuncios previos a la conclusión del procedimiento.
Gobernar no consiste en decir qué ocurrirá.
Consiste en saber cómo hacerlo.
La diferencia parece pequeña hasta que llegan enero, mayo, junio y septiembre y la realidad comienza a llevar la cuenta.
La historia de Choleagua podría terminar bien. Soledad puede eventualmente construir un modelo eficiente y la capital podría beneficiarse de una redefinición institucional seria.
Pero eso exige ingeniería, derecho, administración pública y planeación.
No conferencias.
Porque cuando una administración anuncia durante años la salida de un organismo y, años después, todavía está comenzando el procedimiento para salir, el problema deja de ser exclusivamente INTERAPAS.
El problema también es quién conduce la salida.
Primero fue enero. Luego mayo. Después el 30 de mayo. Más tarde junio. En julio ya era “urgente” y en septiembre apenas iban a empezar los trámites. A este paso, Soledad no necesita un organismo operador del agua: necesita un calendario que sí funcione.
Delírium trémens.— Hemos tenido la ocurrencia de confrontar el Plan Estatal de Desarrollo con los informes de gobierno de 2021 a la fecha. Mala idea para el discurso oficial: entre sus propias cifras, metas y resultados aparecen auténticas maravillas. Tan verdes, que empiezan a confirmar algo incómodo: al PVEM quizá le guste mucho el color, pero bastante menos la ecología. En breve publicaremos los resultados. Y esta vez no serán opiniones: serán sus propios números.
@luisglozano