Hoy, en la gran mayoría de los encabezados de periódicos impresos, portales electrónicos y redes sociales, se reseñará puntualmente la inauguración de la Feria nacional potosina (Fenapo, dice la banda en abreviada eufonía); de forma paralela, y como consecuencia lógica, se bruñirá el ego gubernamental. Triunfó el capricho sobre la razón.
Nada justifica el que se realizara un evento masivo que no buscaba demostrar otra cosa que aquí se hace lo que el gobernador desea, sin que alguna voz de la llamada oposición invitara a la cordura o cuestionara y criticara la decisión de llevarla a cabo. De los de casa ni qué decir, los deseos son ley que debe cumplirse.
La realidad es que la Feria no reactivará ni la economía ni los ánimos, éstos nunca han estado apagados y aquella no propiciará una generosa derrama sobre toda la ciudadanía, sólo unos cuantos privilegiados disfrutarán aparentemente del corto beneficio, ya les llegará la charola y a ver de a cómo les toca.
Pretender que la Fenapo será la fiesta popular ciudadana a la que se estaba acostumbrado es una irrealidad; sí, efectivamente, los potosinos podrán como siempre acudir a divertirse, dicen que de manera gratuita porque no costará el acceso pero la realidad es que, ya lo vimos en las formaciones fuera de palacio de gobierno, las posibles confrontaciones entre los concurrentes para alcanzar un lugar en el teatro del pueblo estarán siempre presentes. Así que si usted es de los que soñaba con alcanzar lugar viendo a alguno de los artistas anunciados bajo el rubro de gratuidad, considere que una cosa es decir que los espectáculos serán gratuitos y otra cosa es que se permita el acceso a todo el que lo desee.
La similitud más sencilla con la Feria son las placas y las licencias de manejo, una cosa fue decir que serían gratuitas para todos, y otra el afirmar que todos las alcanzarían, al margen desde luego de todos los derechos e impuestos que se pagaron para poder acceder a las placas gratuitas. ¿Por cierto, usted ya las tiene de manera física?
Esta versión de la Fenapo será un arma de dos filos no sólo para el gobierno, sino también para la ciudadanía; lo deseable es que todo le salga bello al Pollo y que los concurrentes sean felices luego de divertirse y gastar sus centavitos, pero –me he cansado de escribirlo– por apostarle a las varias dosis de vacunación se está descuidando la cuestión sanitaria. Claudicaron de los Servicios de Salud frente a la voluntad autoritaria del gobernador; sí, el mal ya no es tan dañino, pero no olvidemos que hace cuatro días se contabilizaron mil nuevos contagios y ayer más de ochocientos ochenta.
Por otro lado, y no son una exageración, los comentarios del vocero de la arquidiócesis respecto a la seguridad dentro de las instalaciones de la propia Feria, y en general en toda la ciudad e incluso el estado. Como si las cosas anduvieran muy bien, entre enfrentamientos, limpias, razias y asesinatos, los elementos de las fuerzas del orden público que se distraerán para atender la seguridad y el orden durante las tres semanas que duren las festividades serán muy considerables. Complicado será garantizar la seguridad en tres frentes en esos días, más considerando que ya el propio gobernador dio luz verde para la venta de alcohol y, aunque sean “una o dos bebidas”, siempre será un aliciente si no para la violencia, al menos para el desorden.
Aunque seguramente también las habrá en la Feria, la monumental rueda de la fortuna (la más grande de toda Latinoamérica) pasó a segundo o tercer nivel de importancia, o quizá ya ni se acuerden de ella, en los próximos días y semanas todo dará vueltas en torno a la feria y sus actividades lúdicas. Por fortuna esto evitará que se hable de balaceras en Rayón, o cadáveres de mandos de la Guardia Civil localizados.
Posiblemente tampoco se tocará el tema de la sanción a Gallardo, la carencia de agua, la factibilidad de realizar la vía alterna (aunque sea sólo una hablada más del gobernador y el –también echador– súper delegado). Seguro habrá una tregua hasta con las calles que lleven los nombres de expresidentes corruptos (no sé de alguno que –incluido el gigante de Jiquilpan– en mayor o menor grado no lo hubiera sido), pero como se sufre hambre en San Luis, todo lo valen las garnachas. Se incluye la dignidad.
Gracias por la lectura. Quedémonos sin comer unos días, si no para desquitar al menos sí para ponerles un susto.