Como agua de mayo

La sequía primaveral de nuestro altiplano se convirtió en una plácida lluvia de triunfos mexicanos en Europa. En lo taurino y en lo enológico. Así como vimos a Fonseca, a Valadez, a Adame y a Gilio brindar actuaciones importantes, uno de nuestros tintos abajeños, Pozo de Luna Syrah Single Vineyard 2016, recibió la Medalla de Oro en el muy relevante Concours Mondial de Bruxelles, que sería como el San Isidro o el Feria de Abril de los vinos.

La Puerta Grande del novillero michoacano Isaac Fonseca en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, tras sus destacadas faenas en Las Ventas y otras serias plazas españolas; la oreja de Leo Valadez y la vuelta al ruedo de Joselito Adame en Madrid, junto a la gran muestra de valor y maneras que le costó una cornada a Arturo Gilio en la misma plaza, aromatizaron al mes de mayo ibérico con esencias mexicanas.

“El público de Madrid me hizo sentir especial. Siendo tan exigente, me reconocieron en muchos momentos de mi actuación, y eso para mí vale oro”, dijo el lagunero, una vez que salió del quirófano. Así el oro que obtuvo en el ruedo bruselense el vino potosino: valioso por la concurrencia crítica que lo otorgó.

Pozo de Luna Syrah Single Vineyard ha ganado anteriormente otras medallas y reconocimientos; éste más reciente no es ni sorpresa ni novedad. Imagino que las virtudes y valores que los jueces del concurso reconocieron para elegirlo entre los mejores del mundo está alrededor de dos elementos clave: la autenticidad y la singularidad, cualidades ambas de todos y cada uno de los toreros mexicanos que también triunfan en Europa.

Este vino es auténtico porque es el vivo reflejo de su tierra, de su clima, de su gente; porque proviene enteramente de un viñedo específico, que fue plantado por los mismos productores hace más de un decenio; porque es el fruto de una filosofía y una forma de ser particulares; porque es sol potosino y neblina soldense; porque siempre ha toreado para sí mismo.

Este Pozo de Luna Syrah es singular por su crianza en barricas nuevas, por los 3 años de guarda en botella dentro de su cava, porque dentro del panorama del vino mexicano es muy difícil encontrar una botella que se ponga a disposición luego de su quinto o sexto año a partir de la cosecha, porque es todo paciencia, porque es todo tiempo, porque es todo torear despacio.

Como agua de mayo recibimos las albricias que nos envía desde el Viejo Continente esta generación mexicana de artistas y de obras de arte.

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