Cómo decir lo indecible

Septiembre ya y el último tercio del año nos agarra con violencia por todas partes. A nivel local, nacional e internacional hay casos que duelen y deberían ocupar nuestra atención por el retrato que dan de los niveles de agresividad de la sociedad moderna, en los propios casos y en los comentarios que suscitan en las redes sociales y desde los propios medios, que muchas veces enfatizan el morbo por sobre la empatía, diciendo sin decirlo “en algo andaban”. 

Un titular puede decir lo contrario a la nota, o puede ocultar el lugar o el nombre para que la gente lo lea o le dé “click”. También hay diferentes géneros periodísticos: una buena crónica puede acompañar a la noticia o nota informativa y las columnas de opinión aportar puntos de vista, datos que no se consiguen mediante entrevistas o de manera oficial. Lo pèligroso es cuando los confundimos, por interés o “sin querer queriendo”. Hay quienes revictimizan y quienes vuelven mártir al presunto o presunta.

En San Luis Potosí asesinaron a Tatiana Vanessa, una mujer colombiana de 32 años que tenía ficha de búsqueda. Mal primero por la foto de la ficha publicada por la Comisión Estatal de Búsqueda de Personas y luego por cómo se ha manejado la información sobre el caso. Innecesario el guiarse por su trabajo y otros datos de la mujer cuyo cuerpo fue encontrado en Villa de Reyes. Lo importante es que no hay detenidos y los feminicidios siguen al alza.

En lo nacional, el asesinato del tecladista del grupo musical Camilo Séptimo y tres mujeres en su propio domicilio indigna y asusta. La saña con que se cometió el crimen contra Jonathan (el músico), Ana Paola (su esposa, con embarazo de cinco meses), Sofi (su hija, de 3 años) y Alexis (su asistente domestica)  no es de alguien mentalmente sano. Fue brutal. Hay dos detenidos, pero muchas dudas siguen en el aire. Desde dónde y cómo narramos o comentamos la violencia es una responsabilidad que no muchos saben asumir. Solo sobrevivió el hijo de 6 años, escondido. 

Uno de los párrafos de la nota (¿crónica?, hay géneros periodísticos y tienen su uso) de El País dice: «El niño, de seis años, se escondió. Se agarró a algún tipo de sabiduría ancestral, a un jirón de su escenario infantil recién desgarrado, y guardó allí sus pequeños huesos, su miedo y su espanto, un escondrijo fuera del alcance del hombre malo. Fue el único que se salvó. Su hermana, su papá, su mamá, la chica que le cuidaba, incluso el perro, todos murieron. El hombre malo los mató. Si el niño lo entendió entonces, no se sabe. Si se atrevió a mirar cuando todo acabó, tampoco. Hay un dato terrible, criminal, insoportable: el niño convivió más de tres horas con los cadáveres de todos ellos...»

Chocan algunas metáforas desafortunadas, lugares comunes y el uso de frases y adjetivos. Pablo Ferri, el autor de esa nota, escribió en X: «No entiendo… […] Pensar en ese niño solo, en ese lugar, me parte el corazón. No se que + hay q verificar ahí. No se qué es irrespetuoso».

Escribió Dahlia de la Cerda en ExTwitter: «Alexis no solo fue una de las víctimas del multihomicidio. Desde mi intuición también pudo haber sido la persona que mantuvo a salvo al pequeño sobreviviente. Se ha dicho que cuando el agresor ingresó al domicilio, Alexis y el niño estaban jugando en la habitación de ella. […] Yo no puedo saber qué ocurrió exactamente en esos segundos, pero estoy casi segura de que antes de salir de esa habitación le dijo al niño que se escondiera debajo de la cama y que no saliera. Y el niño la obedeció...»

Pamela, ecuatoriana de 49 años, hirió con arma blanca a dos personas en Times Square. Una de ellas, otra mujer, murió en el hospital. Rodeada por la policía, se avalanzó contra un agente y fue “abatida” mediante “fuerza letal”, es decir, un balazo. Muy diferente al sometimiento de un agresor en París. El hombre, de 31 años, atacó a tres mujeres también con cuchillo y también al azar. Fue desarmado por transeuntes y esposado por un policía fuera de servicio. En ambos casos se mencionan problemas mentales no atendidos a tiempo o desestimados; ambos parecían “personas normales”.

Escribió Leila Guerriero en la revista Anfibia: «El periodismo narrativo tiene sus reglas y la principal, perogrullo dixit, es que se trata de periodismo. Eso significa que la construcción de estos textos musculosos no arranca con un brote de inspiración, ni con la ayuda del divino Buda, sino con eso que se llama reporteo o trabajo de campo, un momento previo a la escritura que incluye una serie de operaciones tales como revisar archivos y estadísticas, leer libros, buscar documentos históricos, fotos, mapas, causas judiciales, y un etcétera tan largo como la imaginación del periodista que las emprenda. Lo demás es fácil: todo lo que hay que hacer es permanecer primero para desaparecer después».

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