Con lo música por fuera

Cuando alguien tiene “la música por dentro”, en el habla nacional se entiende, casi inmediatamente, que se trata de una persona alegre y dicharachera, que tararea, silba y reboza su buen ánimo. Así, la música es ese espíritu alegre y despreocupado.

Sin embargo, la fuerza de las palabras es inmensa y una sola letra puede darnos un camino distinto. Propongo al lector que cambié la “a” del artículo determinado en femenino contenida en la frase propuesta, por una “o”, para convertirlo en un artículo neutro. No es lo mismo “la música” que “lo música”.

En México, cuando decimos que alguien es “música” nos referimos a alguien tramposo, ladino, que trata de salirse siempre con la suya.

Ricardo Anaya lleva la música por dentro. Por lo menos así lo da a notar a donde va, ya que, guitarra que ve, guitarra que quiere tocar. Ha cantando con el presidente del Partido de la Revolución Democrática y, en su propaganda, se le puede ver el gusto musical. Vamos, que la eterna sonrisa trasluce su alegría interior.

Sin embargo, si lleva la música por dentro, lleva lo música por fuera. Si no creen, pregúntenle a su Partido, el Acción Nacional y a sus militantes, a quienes ha atropellado, sobajado y humillado para conseguir su propósito: ser Presidente de México.

Anaya no ha dudado en hacer lo impensable para lograr sus objetivos. Se trata de alguien que, paso a paso, avanza con la vista en sus convicciones e intereses, sin importar los muertos o heridos que deje en el camino.

Una clara muestra de ello es la forma en que, en algunos Estados, se ha llegado al absurdo para ceder espacios y posiciones, innegables bastiones panistas, en favor de quien, a su parecer, le rentabiliza la elección para ser coronado en el triunfo.

La actitud de Anaya me ha hecho recordar aquella frase, expresada por las tropas de Julio Cesar al cruzar el río Rubicón, rumbo a Roma, en su rebelión contra el Senado romano: ¡O César, o nada! Con esta expresión, los soldados romanos pusieron en claro que, con su jefe, a la muerte, sin su jefe, a ningún lado.

Así los subordinados de Anaya, entre los que se cuentan miembros del Comité Ejecutivo Nacional, Comités Estatales y Municipales y panistas sueltos, aquí y allá, que, al cruzar el Rubicón, han dejado claro: ¡O presidente, o nada!

Haría bien don Ricardo en recordar que la historia es, como dijera el otro romano, Cicerón, testigo de los tiempos, luz de la verdad, memoria y maestra de la vida, mensajera de la antigüedad: a Julio César lo mataron sus amigos, sus cercanos, entre ellos, su hijo adoptivo Bruto.

¿Podrá confiar Anaya en los hijos adoptivos del panismo, esos que ha incorporado en esa antinatural coalición Con México al Frente? ¿Habrá, entre los candidatos que estarán con él en las tribunas de los eventos públicos, venidos de otros lares políticos, puñales escondidos bajo las ropas, listos para clavarse en quien, por ambición, ha dejado un rastro de ruina y sinsabor en Acción Nacional?

No solo Anaya es música. También en el PRD y Movimiento Ciudadano hace aire. Hay músicas, muy músicas.

@jchessal