Pasamos ahora al tramo final de esta serie de memorias o recuerdos, que hemos venido comentando las últimas semanas.
* PLANTEO HOY UN ESQUEMA de los temas que pueden identificarse como hilos conductores a lo largo de las anteriores entregas, cada uno con ciertos corolarios. Veamos.
Nada nos garantiza que vayamos a avanzar en la vida personal y profesional, pero diversas experiencias pueden sugerir algunas rutas sobre lo que conviene hacer y no hacer, para que nos vaya mejor o menos mal. Tal vez los fracasos enseñen más que los éxitos, aparte de que el mérito y las aspiraciones no van a dejar de ser relevantes a pesar de que en México los últimos dos gobiernos federales tengan otra visión.
Así, de los capítulos sobre personajes y relatos o anécdotas es posible derivar puntos como los siguientes:
Uno. Es vital prepararse lo mejor que se pueda. No sólo en la escuela sino en nuestra formación no escolarizada: observar, preguntar, leer, viajar, practicar, aprender, asimilar conocimientos, entender lo que sucede, aprovechar oportunidades… Claro, el entorno familiar ayuda o perjudica y así hay que afrontarlo: tratar de usarlo o desecharlo.
Dos. Las experiencias buenas y malas se van acumulando y se pueden convertir en desafíos beneficiosos. Eso sí, los fracasos y las tristezas suelen ser más útiles… como lecciones hacia éxitos y recompensas.
Tres. A distintos niveles en la escuela y luego en los encargos de trabajo resultan relevantes las ocasiones de 1) darle prioridad al trabajo duro, no sin mañas y algo de alegría para no perecer en el intento; 2) acercarse a los compañeros más inteligentes, no a los vivales que se quieren pasar de vivos; 3) imitar en lo posible las virtudes de tus maestros, jefes y amigos, no sus defectos, y 4) cultivar amistades que se basen en respeto mutuo, coincidencias y perspectivas aparentes.
Cuatro. En el trabajo también conviene desarrollar cierta seguridad en sí mismo, sin petulancia y sin confiarte demasiado; igual, evitar prejuicios o fanatismos que llevan a intolerancia y sesgos antisociales.
Cinco. Suenan bien la lealtad, la seriedad y la autenticidad, aunque esos conceptos pueden chocar entre sí. Esa lealtad debe darse a tu país, a tu chamba y a tu jefe, en ese orden; el último caso incluye al jefe de tu jefe, y nunca debiera aplicarse para encubrir rapacerías, que hasta nos pueden sugerir que tengamos que movernos de ahí.
Seis. La humildad y la honestidad siempre podrán ser fundamentales, pero no como virtudes celestiales sino porque esa humildad o sencillez sería la base de un liderazgo sólido y una grandeza duradera, mientras que la corrupción es un abuso degradante que se vuelve en contra de todos y de uno mismo. Por su ambición o codicia, sin embargo, muchos prefieren no entenderlo así.
Siete. En las complicadas responsabilidades del sector público, es bueno saber quién eres y de quién eres amigo (como una especie de referencia, buena o mala). Igual será mejor evitar la tentación de un enriquecimiento excesivo e indebido, sin caer en las limitaciones de la estrechez económica.
Ocho. Cuando estamos en una buena posición se da la posibilidad de ayudar a otros. Pero, ojo, debes cuidar que eso no afecte tu desempeño ni tu reputación. Es preferible recomendar gente adecuada e impulsar operaciones legítimas.
Nueve. En un país de sistemas pensionarios tan deficientes… de cara al retiro nunca estará de más ahorrar y no gastar demasiado, sin dejar de vivir bien con ingresos razonables. La tranquilidad es invaluable y a mí me afectó no prever lo suficiente.
Diez. Para una carrera exitosa en cualquier sitio, la suerte viene a ser también un factor… si bien no se puede depender de ella y hay que buscarla, sobre todo en el veleidoso sector público. Lo mejor es ir tras ella con talento, trabajo, mérito y mesura; o sea, con aspiraciones, pero sin desesperación ni atropellamientos.
Algunas de estos puntos podrían parecer ingenuos o improbables, aunque más vale tenerlos al alcance como referencias en ciertas decisiones y actitudes. De ninguna manera se trata de ser perfectos… sólo auténticos y perspicaces para que nos vaya mejor —o menos mal— en las pequeñas historias que cada uno va entrelazando.
* Y HACIA EL CIERRE DE esta serie de recuerdos personales y profesionales, la semana próxima vamos a culminar con más derivaciones y datos del conjunto, que podrá ser editado más adelante en un pequeño libro. Esto lo confirmaremos.
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