Continúo con la serie de memorias que he publicado aquí estas últimas semanas a excepción de algunas en las que vuelvo a columnas sobre temas más actuales.
* RECORDAMOS HOY LA SUGERENTE experiencia en la Subdirección General de Protección al Salario en el ISSSTE. En esta ocasión, más que destacar una persona, hago referencia a una gestión con muchos participantes en un gran esfuerzo cuyo éxito sorprendió y puede dar ciertas lecciones de utilidad.
En lugar de una secretaría de Estado como suponíamos, el grupo con Emilio Lozoya Thalmann llegó a esa institución de seguridad social, que no se veía tan atractiva aunque recordaba la excelencia del IMSS e igual era muy amplia y diversa, con problemas que se volvían desafíos y menos mal que ahora.
Miren, no sabía yo qué área me podrían encargar. Pensaba en Finanzas o Pensiones, pero se me asignó el área Comercial o de protección al poder adquisitivo, que podía atraerme desde un ángulo económico o empresarial, si no hubiera presentado un gran desorden de corrupción e ineficiencia.
Era la subdirección general que mayor cantidad de recursos manejaba y tenía más trabajadores (13 mil) después del área Médica. Incluía alrededor de 10 centros comerciales, 300 tiendas y 90 farmacias en todo el país, que atendían al público en general con ventas de unos mil millones de dólares al año.
Pensé entonces: no me ha ido nada mal en mis responsabilidades anteriores, pero en ésta me va a cargar el demonio. Espantado, traté de distraerme metiéndome a entenderle y tantear si se podía hacer algo.
De entrada, logré evitar recomendados de poderosos corruptos y busqué gente honesta que tuviera más idea de todo esto. Encontré muchos más de los que esperaba, y ¡vaya que ayudaron!
Así, en unos años avanzamos muy bien en áreas como abasto al forzar transparencia y reducir corrupción con proveedores; administración y finanzas para aprovechar el control y la información; operación comercial para impulsar ventas y reducir robos o mermas; promoción para captar más clientes y elevar la rotación y rentabilidad…
Incluso detuvimos el saqueo de un centro con patrullas y arrestos, como advertencia para otros; les ofrecimos aumentos salariales o alternativa de cárcel a los gerentes; tuvimos publicidad muy eficaz con El Güiri Güiri desde el Mundial Italia 90; creamos frases publicitarias que atrajeron a clientes y comprobaron los cambios…
Estaba todo tan mal al hacerme cargo, que la conjunción de mejoras llevó a elevar las ventas a unos dos mil millones de dólares (+100%) tras el primer año, a tres mil millones (+50%) el segundo año y a 3 mil 500 el tercero, sin aumentar precios y después sin pérdidas en competencia ante las cadenas comerciales más conocidas.
Allí, digamos, ‘éxito llevó a éxito’. Y en forma acumulativa se multiplicaba la confianza del consumidor y de los proveedores.
Cuando le confirmamos al secretario Aspe que el área iba mejor, comentó: eso es ahora con ustedes, pero son funciones que no corresponden al Estado. Tampoco se podía privatizar pues nadie compraría la cadena, sólo algunos inmuebles bien ubicados.
Eso sí, resultó muy grato. Casi nunca se logra tanto, ni se puede mantener.
* EN LA SECCIÓN DE anécdotas me refiero a mi estancia en el extranjero a lo largo de dos años, para estudios de posgrado. El primero fue un Diplomado en Desarrollo y el segundo una Maestría en Economía.
Antes de mi recepción profesional ya había escogido una universidad en Inglaterra, el país que más me atraía por su tradición académica. En el camino a Manchester al noroeste, estuve unos meses en Londres para afianzar mi inglés y adaptarme a esa sociedad, lo cual disfruté y me sirvió.
Aun así, las primeras semanas de cursos fueron muy duras por tantos cambios y, sobre todo, el nivel académico. Sufrí hasta con la comida y me tuve que concentrar, pero luego viajé por Europa lo más que pude con no pocas vivencias.
Terminé bien el año escolar y decidí aprovechar las vacaciones en México. Hasta me casé con la novia que había dejado en San Luis Potosí… y regresé a Europa ya en otro plan.
El segundo año también fue pesado, sobre todo por las Matemáticas y las mayores responsabilidades. Igual viajé mucho, pero al final enfrenté cierta estrechez económica por mis decisiones erradas con las becas del Conacyt y el Consejo Británico.
Volví a mi tierra algo desgastado, aunque en unos meses me reanimé con las ofertas de trabajo que llegaban del Distrito Federal.
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