Contra el abstencionismo

A menos de veinte días de la jornada electoral para el poder judicial en nuestro país, comienzan a vaticinarse pronósticos sobre el nivel de participación ciudadana (votación) que habrá en la jornada del domingo 1 de junio. Todos los que he escuchado anticipan una votación bajísima. Ninguno con elementos sólidos para soportar el peso de sus afirmaciones.

Quisiera centrar la atención de las siguientes líneas en una reflexión sobre el abstencionismo en una elección como ésta. En primer lugar, quiero ofrecerle algunas de las líneas que han explicado la abstención en los procesos electorales que se realizan desde el sistema de partidos. Los de los poderes ejecutivo y legislativo; los de los ámbitos federal, estatal y municipal. Las elecciones a la ciudadanía ya está acostumbrada. Después quisiera hacer una reflexión sobre algunos factores que pueden incidir en las tasas de participación de la elección del primero de junio. Finalmente le presentaré algunos argumentos por los que el abstencionismo en ésta elección en particular puede ser un problema muy grave.

El abstencionismo en México no se puede explicar por una sola causa, sino por un complejo entramado de factores históricos, estructurales y coyunturales que se explican de mejor manera en la medida en que se desarrollen descripciones robustas sobre elecciones concretas: ninguna es igual a otra. 

Este fenómeno ha sido una constante en la mayoría de nuestras elecciones, especialmente en las intermedias o en las locales no concurrentes (es decir, en donde no se realizan elecciones federales y locales en la misma jornada). Aunque la participación ciudadana tiende a incrementarse en las presidenciales, el promedio general de votación rara vez supera el 65% del padrón. Esto revela una relación contrastante entre la ciudadanía y las urnas: por un lado, existe una arraigada tradición democrática que ha permitido transiciones pacíficas del poder; por el otro, una desafección política ya instalada en la sociedad, que inhibe la participación activa, ya sea por apatía, desconfianza o desencanto con los partidos y candidatos.

Las encuestas sobre cultura política suelen señalar que las razones más comunes para no votar son la percepción de que “todos los políticos son iguales”, la creencia de que el voto no cambia nada, o simplemente el desconocimiento sobre las propuestas en juego. Esta desconexión es particularmente fuerte en sectores urbanos y entre personas jóvenes, donde el sentido de representación no se encuentra consolidado. Desde luego, a ello se pueden suma factores como la dificultad para ubicar o trasladarse a las casillas, razones laborales o de índole estrictamente personal.

Pero esta elección es muy distinta. Ya hemos hablado sobre las diferencias sustantivas con respecto a otros procesos electorales, por lo que el fenómeno del abstencionismo, desde mi perspectiva, tiene que ver principalmente con la manera en que la ciudadanía concibe y entiende al proceso electoral en sí mismo. Explico: la elección del Poder Judicial representa un proceso inédito en la historia democrática de México, y su novedad parece haber generado una desconexión real y significativa entre la ciudadanía y el acto de votar. Según una encuesta nacional de El Financiero realizada en abril de 2025, el 53% de las personas encuestadas manifestó no haber decidido aún su voto para las elecciones judiciales, mientras que un 25% expresó desinterés en participar. En contraste, durante las elecciones presidenciales de 2024, solo el 15% de los ciudadanos se encontraba indeciso en abril de ese año. Este marcado contraste sugiere que la falta de familiaridad con el proceso y la percepción de su relevancia influyen directamente en los niveles de participación ciudadana.

La escasa información y comprensión sobre las funciones y la importancia del Poder Judicial parecen ser factores determinantes en esta apatía electoral. Aunque el 52% de las personas encuestados afirmó haber visto campañas relacionadas con las elecciones judiciales, un significativo 48% no lo ha hecho, lo que indica una limitada difusión y alcance de las mismas. Además, solo el 34% de quienes respondieron conocía la fecha exacta de las elecciones, a pesar de que este porcentaje casi se triplicó entre marzo y abril. 

A pesar de la incertidumbre y el desinterés, es notable que una mayoría de las personas encuestadas mantiene una percepción positiva sobre la organización y transparencia del proceso electoral judicial. El 60% considera que la organización de las elecciones es buena o muy buena, y el 59% opina favorablemente sobre la integridad y transparencia del proceso. 

No obstante, persisten preocupaciones sobre posibles influencias externas en las candidaturas: el 60% cree probable que existan apoyos de empresarios o intereses económicos, el 54% considera probable el respaldo de partidos políticos y el 49% ve probable la influencia del crimen organizado en las candidaturas. 

Estas percepciones podrían estar alimentando la desconfianza y la indecisión del electorado, subrayando la necesidad de fortalecer la transparencia y la independencia del proceso electoral judicial para fomentar una participación más informada y comprometida.

La gravedad del problema del abstencionismo en esta elección radica en dos factores. En primer lugar, que puede erosionar la legitimidad democrática del Poder Judicial electo. Si se ha cuestionado la legitimidad de un gobernante que asume el poder con una baja votación, aquí se cuestionaría la base social que la percepción pública de imparcialidad y autonomía. El segundo problema tiene que ver con que una baja participación refuerza el riesgo de la captura institucional del Poder Judicial, es decir, que la minoría movilizada por grupos de poder tenga un peso desproporcionado en su capacidad para determinar el resultado final.

Guste o no la reforma que dio origen a este elección. La sociedad mexicana no puede abandonarse a la voluntad de una minoría. Esta elección importa.

X. @marcoivanvargas