Más que una carta, se trata de una reflexión planteada públicamente por Andrés Manuel López Obrador sobre lo que considera, desde su experiencia como extitular del ejecutivo federal de nuestro país, como un giro inconveniente en las decisiones del presidente estadounidense Donald Trump con respecto a la relación bilateral con México, pero en el contexto de una reconfiguración global de las relaciones económicas, políticas y sociales que empuja los intereses gringos al endurecimiento de acciones para tratar de controlar una hegemonía imperialista que ya no da más de sí.
El reforzamiento del “injerencismo” ha sido la medida de intervención que, por supuesto, no sorprende, sino más bien lo que llama la atención es el grado de sumisión de sectores nativos de la derecha que, ante la falta de una fuerza social que legitime sus pretensiones políticas, prefieren abrirse de capa con sectores ultraderechistas externos y aplaudir sus ocurrencias. Por eso tiene sentido lo señalado por la presidenta Sheinbaum cuando refiere que, más allá de golpear a la Cuarta Transformación, se trata de golpear al pueblo mexicano, porque aún y cuando hay diferencias ideológicas, la derecha que acompaña al “trumpismo” no sostiene la disputa ideológica por la carencia de argumentos de coherencia lógica e histórica, sino que termina en una mera aplicación pragmática de peculiares “usos y costumbres” que descansan en la fuerza de la presión económica y de la amenaza de la fuerza a secas.
Frente a una ofensiva de las derechas de dentro y fuera del país, las denominadas Asambleas Informativas por la Defensa de la Soberanía, que realiza la Cuarta Transformación, tienen sentido lógico e histórico porque es la manera en la que se puede contrarrestar la andanada mediática que se despliega por la derecha contra el gobierno mexicano y, en el momento actual, sobre todo contra AMLO porque les recuerda que, aunque difícil y compleja la relación con Trump, se mantuvo la coordinación y, ahora, aún y con el endurecimiento de medidas, se avanza en la cooperación. En suma, lo que permite mantener a flote la situación es el pueblo movilizado e informado sobre las implicancias de no permitir la sumisión con el exterior.
La pretensión derechista del exterior, de interferir en el proceso electoral mexicano venidero, con la idea de alterar una correlación política de fuerzas que les permita avanzar en un proceso de restauración conservadora, se ve muy lejana para esos intereses de facción, pero no es desdeñable que puedan meter ruido para tratar de ganar tiempo y reposicionarse en un objetivo que parece perdido de antemano. El extremo de esa peregrina idea es la intentona de la derecha doméstica de lanzar, desde ya, a la señora Maru Campos como la “salvadora” del naufragio político que les impide contar con mejores cartas de presentación competidoras.
En fin, en el fondo de las formas, no se desconoce que lo que mueve a los grupos de interés que gravitan en torno a la política del presidente Trump, son ciertamente los de los grandes negocios de la especulación financiera y de un proceso de valorización del capital que busca la subsunción plena del trabajo al capital, esto es, la maximización de las ganancias con un proceso creciente de concentración y de cambio tecnológico para la explotación intensiva en todas las áreas de la vida, pero ese proceso ya no es tan simple como en el pasado y, por eso, el mérito de mantener una postura de defensa de la soberanía que no se reduce a meros gritos y sombrerazos. Sobre esto seguiremos en otra ocasión.