Cuando llegue el momento -léase permiso- para salir de casa y del aislamiento social, la vida tendrá que iniciarse desde otro punto de partida.
No podremos retomar las cosas en donde las dejamos.
No será tan sencillo cómo abrir la “compu” y preguntarnos en dónde dejamos la vida antes de refugiarnos en casa.
Será como no lo imaginamos, tendremos que inventar una dinámica que involucre los hábitos que adquirimos durante este confinamiento -´obligatorio-voluntario´- según el sentido común de cada ciudadano.
Hoy, en México, en el San Luis que fuera bautizado en algún momento como San Luis de la Patria, estamos a segundos metafóricos de abrir el telón, de empezar a ver el espectáculo que el contagio discreto, invisible y mudo ha engendrado en muchos de nosotros.
Anunciado, en tono más que grave aunque sereno, las autoridades de Salud nos dejan sentir en su trasmisión diaria la gravedad de las cosas, el nivel que se espera gracias a lo que será un creciente número de casos posibles y casos confirmados.
Se preparan camas, hospitales, enfermeros, y demás personal alrededor de movilizaciones para evitar que el impacto que cause se pueda aminorar con algunas de todas estas precauciones que se nos han pedido tomar.
En el corazón de cada quien está esa verdad ¿qué tanto tomé en serio las advertencias, que pude haber evitado? Serán preguntas no para todos, pero sí para muchos.
Hoy la ventana de oportunidad se ha cerrado.
Durante estas dos semanas, días más o menos, hemos aprendido a dejar de mirar el reloj, de consultarlo para iniciar o terminar algo, para entregar, para recibir, para comer, para dormir. Ha coincidido con el cambio de horario -un absurdo de los mercados- y el haber dormido de más este lunes no tiene la repercusión de otros años.
“Nos hemos quedado en casa”. Y nos hemos mirado y escuchado más de lo habitual, hemos atendido a las mascotas, hemos hecho la comida con calma, hemos pensado antes de reenviar una publicación, hemos organizado nuestras ideas, nos hemos dado tiempo de hacer llamadas postergadas.
La vida como la conocimos se fue de paseo sin nosotros. Nos dejó aquí y decidió irse. Con ello la tierra se ha enfriado un poco, los animales han recuperado cierta parte de sus territorios y nosotros hemos dejado la dispersión que la activitis produce, para concentrarnos en lo esencial: informar y estar informado, alimentarnos y ejercitarnos debidamente, tomar conciencia del otro: de muchos otros.
También subsistir y mantener la esperanza de que al abrir la puerta de nuestras casas nuevamente para reintegrarnos, tendremos que construir una nueva forma de estar en la vida, de habitar esta tierra con más respeto, de hacernos conscientes de que no somos sus amos ni quienes mantienen el equilibrio ecológico. Ojalá que cuando amanezca, más que una lección sea un aprendizaje.