Me parece que estos son tiempos que reclaman reflexión y la acción de todos los mexicanos que deseamos vivir en un sistema democrático genuino, con estado de derecho y con una mejor distribución de la riqueza, del saber y del poder político. Retomar el camino de una verdadera división del poder y sana institucionalidad al que puedan acceder todos los ciudadanos que quieran y puedan participar para mejorar las condiciones de vida de toda la sociedad y fortalecer la unión de los mexicanos.
No obstante, la bajísima credibilidad que tienen hoy en día los partidos políticos, en los estudios serios de Instituciones como el INEGI, en su Encuesta Nacional de Cultura Cívica del 2020, creo que uno de los caminos que hay que retomar es el de la depuración, la democratización de los partidos políticos, que son los instrumentos que deben servir para hacer real la participación de los ciudadanos, en un marco de civilidad, de respeto a la Ley y de pluralidad. NO HAY OTRA FORMA, por más que le busquemos, siempre llegaremos a la sólida convicción de que, para vivir en un país democrático, se necesitan PARTIDOS DEMOCRÁTICOS, que representen a los distintos grupos sociales y formas de pensamiento, no a una camarilla enquistada en la cúpula de cada uno de ellos.
Los países más desarrollados del mundo cuentan con un sistema de partidos que permiten el acceso de cualquier ciudadano a un puesto de poder político, dentro de claros límites de tipo legal y de estatutos internos que lo garantizan. Por el contrario, cuando no hay o solo existe un partido político único, la democracia y la prosperidad decaen y las libertades se reducen o se anulan, al tiempo que aumenta la pobreza. Ejemplos sobran.
En México, hace ya algunas décadas, cuando la oposición, representada en aquellos tiempos principalmente por el Partido Acción Nacional contaba con lo más valioso que puede tener un partido político: Credibilidad y Confianza de gran parte de los ciudadanos. Eran tiempos en que ese partido NO recibía subsidio o financiamiento público, sino que vivía a base de las módicas aportaciones de sus miembros y simpatizantes y de las rifas de automóviles cuyos boletos vendían en lugares públicos y que algunos ciudadanos compraban confiando en la seriedad del partido, que se manifestaba en la entrega puntual y pública de los premios según las listas de la Lotería Nacional. A pesar de esas limitaciones y del fraude electoral contumaz en que basaba su poder el partido en el poder, el PRI, el PAN BREGABA Y OBTENÍA TRIUNFOS EN MUNICIPIOS Y DISTRITOS. Y ADEMÁS FORMABA el espíritu cívico de muchos miles de mexicanos.
En ese tiempo, sus militantes se acercaban a él por la confianza que les merecían los dirigentes del partido, por la congruencia de sus convicciones políticas y su conducta personal y pública. Ahí están los testimonios de vida de un Manuel Gómez Morín, un Efraín González Luna o un Adolfo Christlieb Ibarrola, entre muchos otros muy distinguidos mexicanos que presidieron al PAN a lo largo de muchas décadas del siglo XX sin ninguna remuneración económica.
La calidad de sus definiciones y valores políticos, se manifestaban en documentos y cuadernillos (Principios de Doctrina) de bajo costo, pero de muy alto contenido político, que entendían y atraían aún a los más modestos ciudadanos, por ejemplo, la definición de NACIÓN: “La Nación es una realidad viva, con tradición propia varias veces secular, con unidad que supera toda división en parcialidades, clases o grupos y con un claro destino”. Continúa: “El Interés Nacional es preminente, todos los intereses parciales derivan de él o en él concurren. No pueden subsistir ni perfeccionarse los valores humanos, si se agota o decae la colectividad, ni esta puede vivir, si se niegan los valores personales.” “La vida de la Nación, el cumplimiento de su destino, la posibilidad de crear y mantener en ella condiciones espirituales y materiales adecuadas, para una convivencia civilizada y noble, son incompatibles con el establecimiento y conservación de un estado social desordenado o injusto, como lo sería el que niega la DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA o el que proclama una división de la unidad nacional, por la lucha de clases, castas o parcialidades”. Sigue: “Cuanto vigorice la unidad nacional, fortalezca los valores históricos que dan forma y sentido a la Nación, y coordine justamente los intereses parciales en el interés nacional, debe tener el apoyo pleno de la colectividad y de sus órganos. Cuanto conspire a romper esa unidad, a deformar su carácter o a desquiciar esos intereses, ha de ser rechazado y combatido por todos”. “. . . . . . . . . .
Lo anterior es un extracto de los Principios de Doctrina del PAN, que estuvieron vigentes muchos años. El cuaderno muy breve y valioso que los engloba en sesenta y tantas páginas, creo que en su gran mayoría siguen siendo aplicables a la realidad que vive México hoy en día.
Continúan los principios panistas en ese breve y sustancioso documento, entre los cuales solo puedo mencionar por brevedad algunos: “PERSONA”, “ESTADO”, “ORDEN”, “LIBERTAD”, “ENSEÑANZA”, “TRABAJO”, “INICIATIVA”, “PROPIEDAD”, “CAMPO”, “ECONOMÍA”, “MUNICIPIO”, Etc., Etc.
No voy a hacer en esta columna, el elogio del PAN, porque estoy convencido que hoy en día, como ocurre también en otros partidos, se han desvirtuado sus atributos originales a partir del tiempo en que empezaron a fluir los jugosos financiamientos públicos, se iniciaron ambiciones personales, discordias, apetitos económicos y presupuestos que permiten cobrar hoy altas remuneraciones a sus directivos, y que han llegado a “negociar” las candidaturas y despiertan la codicia que divide y debilita a los partidos y solo favorece a quienes andan en busca de beneficio personal.
Alfredo Lujambio R. alr020637@gmail.com
P.D.- Informo a los amables lectores, que tomaré algún tiempo fuera de este valioso espacio que me ha brindado PULSO por más de 25 años, debido a otras actividades que deseo atender. Espero regresar a él en algunos meses, si Dios me presta vida y salud, para seguir ejercitando mi derecho a la libre expresión, no sin antes agradecer sinceramente a los lectores que me han favorecido con su lectura, como también reconocer a este diario, la absoluta libertad que me ha brindado para escribir según mi conciencia, sin ningún tipo de restricción. GRACIAS, MUCHAS GRACIAS.