De acuerdo con el artículo 41 de la Constitución General de la República, los partidos políticos son entidades de interés público; que la ley determinará las normas y requisitos para su registro legal, las formas específicas de su intervención en el proceso electoral y los derechos, obligaciones y prerrogativas que les corresponden, señalando, además, que tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, contribuir a la integración de los órganos de representación política y como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan.
¿Programas? ¿Principios? ¿Ideas? ¿Eso importará a nuestros Partidos, herederos de aquella doctrina maquiavélica de que el fin justifica los medios?
La Ley General de Partidos Políticos señala, en su artículo 10 que, para que una organización de ciudadanos sea registrada como partido político, se deberá verificar que ésta cumpla con presentar una declaración de principios y, en congruencia con éstos, su programa de acción y los estatutos que normarán sus actividades; en el numeral 37 se dice que la declaración mencionada debe contener, precisamente, los principios ideológicos de carácter político, económico y social; en el 38 se establece que el programa de acción determinará las medidas para alcanzar los objetivos de los partidos políticos, proponer políticas públicas; formar ideológica y políticamente a sus militantes, y preparar la participación activa de sus militantes en los procesos electorales.
¿En qué momento el Partido Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática empataron principios políticos económicos, sociales y económicos, sus ideologías?
De acuerdo con la Ley General de Partidos Políticos, en su artículo 39, señala que los Partidos tienen la obligación de presentar una plataforma electoral, para cada elección en que participen, sustentada en su declaración de principios y programa de acción; igualmente dice que los candidatos tienen la obligación de sostener y difundir la plataforma electoral durante la campaña electoral en que participen.
¿Lo anterior significa que veremos en el proceso electoral para este año dos mil dieciocho a izquierdas y derechas juntas, bajo un mismo discurso, estrechándose amigablemente, sin que sea obstáculo su antagonismo ideológico?
Yo creo que no, simplemente porque en nuestro país, eso de los valores ideológicos solo queda en la mente de algunos románticos que ven en los Partidos Políticos verdaderos baluartes del pensamiento respecto de lo social, lo económico, lo políticos e, incluso, lo personal.
Si acaso existiera una congruencia entre el discurso y el pensamiento, habría más puntos de coincidencia entre el Partido Revolucionario Institucional y el Partido de la Revolución Democrática, quizá por tener el segundo su origen en el primero; en cambio, en el caso del Partido Acción Nacional, surgió precisamente como antagonista al PRI, sosteniendo una visión diametralmente opuesta del Estado y sus habitantes, la persona humana y, por supuesto, todo lo demás.
Estamos, simplemente, en presencia de pragmatismo puro, donde la plataforma electoral se hace al contentillo, dejando de lado declaraciones de principios y programas de acción, solo con un fin: sacar al PRI Los Pinos (dijera Vicente Fox en su momento). Sin embargo, la misión de estos derechistas de izquierda e izquierdistas de derecha tiene frente a sí otro problema: Andrés Manuel López Obrador, que trae lo suyo para la elección presidencial. ¿Servirá la mezcla del equipo “Por México al Frente” para enfrentar ambos enemigos electorales?
Cierro con una cita de Jorge Valdano: “Muertas las ideologías, el mundo quedó en manos de gente práctica que anula cerebros bajo montañas de nada.”
@jchessal