Esta semana, mi colaboración semanal va dirigida a los papás de niños que seguramente se están ganando el cielo, con los niños en casa durante todo el día. Les dejo un cuento dedicado a mis nietas que son muy, muy pequeñas y a todos los peques que les gusta que sus papás les lean cada noche antes de irse a dormir:
“Érase una vez, en un rincón mágico del océano, vivían dos sirenas muy especiales llamadas Ximena y Sara. Ximena, con sus escamas de colores brillantes, solo comía fresas, moras, zarzamoras y mangos que encontraba en los jardines submarinos. Sara, por otro lado, tenía una dieta más variada y disfrutaba de huevos de coral, pasta de algas, verduras marinas y sopitas hechas con ingredientes frescos del océano.
Un día, mientras nadaban cerca de la superficie, vieron un arco iris que terminaba en la playa. Decidieron seguirlo y, al llegar a la costa, encontraron un pequeño grupo de hadas que jugaban alegremente en la arena. Las hadas tenían alas brillantes y llevaban vestidos hechos de pétalos de flores.
“¡Hola, sirenas!”, saludó un hada llamada Lila. “¡Vengan a jugar con nosotras!”.
Ximena y Sara se unieron al juego y, después de un rato, sintieron hambre. Ximena sacó sus fresas y mangos, mientras que Sara sacó sus huevos de coral y las sopitas. Las hadas, que solo comían polen y néctar, se quedaron mirando con curiosidad.
De repente, el cielo comenzó a nublarse y un fuerte viento sopló desde el mar. Las hadas se miraron preocupadas. “Ese viento... significa que la Bruja de las Mareas se acerca”, susurró Lila.
La Bruja de las Mareas era conocida por su mal humor y su aversión a los visitantes en su territorio. “Debemos escondernos”, dijo Dana, otra hada, con voz temblorosa.
Ximena y Sara, sin perder la calma, ayudaron a las hadas a encontrar un escondite bajo una gran roca en la playa. Justo a tiempo, porque la Bruja de las Mareas apareció, sus ojos brillando como dos faros en la tormenta.
“¿Quién está aquí?”, rugió la Bruja. “¡Siento el olor de la comida!”.
Las hadas se estremecieron, pero Ximena tuvo una idea. Con valentía, salió de su escondite con una cesta de fresas, moras y mangos. “Perdónanos, Bruja de las Mareas”, dijo. “Te ofrecemos estas deliciosas frutas en señal de paz”.
La Bruja tomó una mora y la probó. Su expresión severa se suavizó un poco. “Esto es... delicioso”, murmuró. Pero aún no estaba completamente satisfecha.
Sara salió también con su sopita. “También te ofrecemos esta sopa, Bruja de las Mareas. Es nutritiva y te dará energía”.
La Bruja probó la sopa y sus ojos se llenaron de lágrimas. “Hace mucho tiempo que nadie me ofrecía comida con tanto cariño”, dijo. “Gracias por compartir”.
El viento se calmó y las nubes se disiparon. La Bruja de las Mareas, tocada por la generosidad de Ximena y Sara, decidió dejarlas en paz. “Pueden quedarse y jugar todo el tiempo que quieran”, dijo antes de desaparecer en el mar.
Las hadas, aliviadas, salieron de su escondite y abrazaron a Ximena y Sara. “Gracias por salvarnos”, dijeron. “Hemos aprendido lo importante que es compartir y comer mejor y más saludable”.
Cuando llegó la hora de despedirse, Lila les dio a Ximena y Sara unos polvitos mágicos de hada. “Estos polvitos les recordarán siempre la importancia de compartir y comer bien”, dijo con una sonrisa.
Ximena y Sara regresaron al océano, felices de tener nuevos amigos. Cada vez que veían el arco iris, recordaban sus aventuras con las hadas y lo bien que se sintieron al compartir y comer saludable. Y así, siguieron viviendo felices, aprendiendo y disfrutando de nuevas aventuras en su maravilloso mundo submarino.
Y colorín colorado, este cuento de sirenas y hadas ha terminado. Porque en un mundo donde la imaginación y la bondad se encuentran, siempre es mejor contar historias que nos unan y nos hagan sonreír, olvidando las diferencias que nos separan.