En las primeras líneas de la novela “El Padrino”, de Mario Puzo, ocupa nuestra atención la sentencia dictada en el caso del cobarde ataque a golpes e intento de abuso de la hija del empresario de pompas fúnebres Amerigo Bonasera.
La voz del juez se dejó escuchar, señalando que si hubieran consumado la agresión sexual podrían ser condenados a veinte años, para luego decir: “Teniendo en cuenta su edad, su limpio historial, la buena reputación de sus familias… y porque la ley en su majestad, no busca venganzas de tipo alguno, les condeno a tres años de prisión. La sentencia queda en suspenso.”
La conclusión del contrariado Bonasera no podía ser otra: “Si queremos justicia deberemos arrodillarnos ante Don Corleone.”
El día de la boda de su hija Costanza, Vito Corleone recibió en el despacho de su casa a Bonasera, quien comenzó el relato de los hechos diciendo: “Creo en América. Este país ha hecho mi fortuna.”
Por un par de páginas más sigue la novela dando cuenta de la narración del empresario funerario y el reproche de Corleone sobre el rechazo de su amistad que ha tenido Bonasera, cuando éste le pide que mate a los delincuentes; pregunta el padrino la razón lor la cual no acudió a el en el momento en que ocurrieron los hechos. “América se ha portado bien conmigo. Quería ser un buen ciudadanos y que mi hija fuera americana”, fue la respuesta.
Dijo Corleone: “De nada puedes quejarte. América ha dictado sentencia”.
Bonasera insistió: “Solo le pido que haga justicia”; “El tribunal ya hizo justicia” respondió Corleone; “Hizo justicia a los jóvenes, pero no a mí” fue la contundente respuesta del peticionario.
Lo que a continuación dijo Don Corleone es demoledor: “Ante todo, ¿por qué temes mostrarme lealtad? Acudes a los tribunales y tienes que esperarte meses. Te gastas el dinero en abogados que saben perfectamente que solo conseguirás ponerte en ridículo. Aceptas la sentencia de un juez que se vende como la peor de las rameras. Años atrás, cuando necesitabas dinero, ibas a los bancos como un pordiosero, mientras ellos metían sus narices en tus asuntos para asegurarse de que podrías devolverles el dinero. En cambio, si hubieses acudido a mí, mi bolsa hubiera sido tuya. Si hubieses acudido a mí en demanda de justicia, aquellos cerdos que dañaron a tu hija estarían llorando amargamente desde hace tiempo. Si por desgracia, por circunstancias de la vida, un hombre honrado como tú se hubiese creado algún enemigo, éste se hubiera convertido automáticamente en enemigo mío. Y créeme, te hubiese temido.”
¿Qué tan real puede ser lo narrado en nuestro país? ¿Qué tanto puede estar pasando ya?
Pensemos en la reciente sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación respecto del caso narrado en el documental de Netflix “Duda Razonable”, en el cual se da cuenta de un proceso plagado de irregularidades que tuvo en prisión a tres personas desde hace siete años. De manera contundente la Corte ordenó dejar sin efecto todo el proceso y poner el libertad a los acusados, no sin antes dejar constancia en la sesión pública del tribunal, en boca de todos los Ministros sin excepción, del deplorable trabajo de fiscales y jueces que intervinieron en la causa.
Siempre habrá petición de justicia y siempre habrá quien la imparta. De que sea la justicia formal, la que crea el derecho o bien la alterna, la que pueden dar quienes se irroguen esa facultad, depende de la eficiencia y eficacia de las instituciones.
No tengo mucho más que apuntar. Invito al lector a que reflexione sobre lo escrito por Puzo y sus consecuencias. No debemos dejar que se llegue a un punto sin retorno. ¿En cuántos casos la justicia formal falla por culpa de malos jueces y peores fiscales?
Esta columna es en realidad una advertencia que las autoridades deben tomar en serio, antes de que se convierta en una realidad.
@jchessal