Cultura en primavera

Ya era público y notorio, pero se confirma, que uno de los principales problemas dentro de la actual administración estatal, desde un inicio y presente todavía (ya a la mitad del sexenio), es el uso de personajes sin experiencia que son colocados como titulares de diversas dependencias. Son la regla, pero también debe reconocerse que hay algunas contadas y honrosas excepciones. 

Los ejemplos saltan a la vista: un contador público (ya destituido) al frente  de la secretaría de Ecología, un arquitecto engañabobos, servil y acomodaticio dirigiendo la de Turismo, un chofer especializado en desviar millones como titular de Desarrollo Social, la reina de un carnaval veracruzano como secretaria técnica del gabinete y ahora como encargada del secretariado de Seguridad Pública; la de Seguridad con todo y que la ocupa un militar, tiene sus muchos asegunes. 

Estos nombramientos tienen una explicación (casi se podría analizar a cada uno de los titulares del gabinete): la única manera de lograr un control total sobre los subalternos es ejercer el principio de autoridad sobre la falta de preparación; así, frente a las imposiciones ninguno podrá decir que la razón lo asiste y acatará  por sumisión  cualquier capricho del gobernador. 

Un garbanzo de a libra hay quienes pensaron que sería Mario García al frente de Cultura, pero ni le entiende nada a ésta, ni resultó nada de aquello. Su paso por la rectoría nada garantizaba (incluso, andamiaje cultural aparte, ni que pudiera hablar en público)  ya que hay que tener presente que la Universidad funciona gracias a su personal, casi en automático y, en ocasiones, a pesar del rector. 

De nueva cuenta la Procesión de Silencio, con todo y que digan que fue un éxito, demostró que la injerencia de gobierno del estado, no la beneficia y sí la perjudica. Evidente fue la ausencia del alcalde provocada por la presencia de las, casi metidas con calzador, hordas estatales que nada tienen que hacer allí; y nada dijo, o al menos sugirió, el titular de Cultura. Porque, al menos en este evento nos guste o no (y explotación turística aparte), cualquier alcalde, social, histórica y simbólicamente tiene primacía sobre cualquier funcionario estatal; hay que recordar que es una procesión de la ciudad y para la ciudad. También, y ésta es otra realidad, la Procesión bien puede realizarse sin el apoyo estatal, que ahora pareciera está más para estorbar que para ayudar.  

Por el contrario, a propósito del Ayuntamiento y la experiencia, en esta pasada Semana Santa  destacó el notable papel que desempeñó la dirección de Cultura municipal en la organización y dirección  del Festival internacional San Luis en primavera. Mucho sorprendieron sus resultados, por lo que no es aventurado afirmar que aunque complementó la Procesión del Silencio y  los eventitos organizados por Cultura estatal, se colocó por encima de éstos. 

Ya los medios de comunicación, gracias a sus reporteros culturales y de espectáculos, dieron cuenta de cada uno de los eventos y los artistas participantes en estos; pero no puede pasarse por alto la vida que se le inyectó al centro histórico y el notable uso que se le dio a los muy diversos espacios públicos, institucionales e incluso privados, que en éste tienen asiento. 

Artistas, escenarios y horarios fueron pensados en públicos concretos, distintos y diversos, pero no excluyentes; por el contrario se pensó en la inclusión de niños, jóvenes, personas con capacidades diferentes, no binarias, adultos y ancianos, que –ateniéndome un poco a los que ahí estuvieron y le saben al cálculo concurrencial– sumaron algo así como doscientos mil asistentes. 

Regreso al inicio: logros como éste, que pueden trasladarse a cualquier ámbito de la administración pública,  son la mejor muestra de la necesidad e importancia de tener al frente de las diversas direcciones municipales (en las que abunda tanto imbécil pretencioso) o secretarías estatales (ocupadas por incapaces sumisos) un titular con conocimiento, experiencia, iniciativa, capacidad de gestión y gusto por lo que hace. Enhorabuena a la dirección de Cultura municipal y a su titular.

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De nuevo: Señores diputados, no sean infames, pónganse a trabajar, desquiten su salario; al menos por una sola vez en esta legislatura muestren compromiso social y humanidad, otorguen ya el indulto a Sanjuana Maldonado.