Los procesos electorales, salvo por los interesados directos y sus más cercanos colaboradores¸ deberían tomarse sin ningún apasionamiento político y con la prudencia que amerita la participación en ellos. La inclinación fanática y poco razonada haca cualquier candidato, normalmente se traducirá en filias insanas que conllevan a la violencia verbal, a la física, e incluso va de la mano con pérdidas afectivas en muchas ocasiones de considerable valía. Los potosinos sabemos bien de eso; oigan, no se apasionen.
Si bien, la participación en la política implica un deber y un compromiso cívicos, no lleva implícita la imposición como norma, sin embargo habrá quienes, en medio de un fanatismo desbordado, llevarán sus preferencias hasta las últimas consecuencias que no siempre serán las más acertadas.
De varios de los procesos electorales por los que han atravesado nuestro país y nuestro estado al menos durante el siglo XX, existen algunos testimonios de actores de primer nivel, algunos de ellos dejaron una puntual descripción de los hechos. Precisas, sucintas,, oficialistas, opositoras, austeras, abundantes, divertidas y en algunos casos hasta cínicas, son algunas de las crónicas sobre el tema.
A nivel nacional encontramos las memorias de los presidentes Adolfo de la Huerta, Pascual Ortiz Rubio, Abelardo L. Rodríguez, Emilio Portes Gil, Lázaro Cárdenas; sin faltar desde luego panegíricos a algunos, como el caso de Un ciudadano, cómo es y cómo piensa, que Armado de Maria [sic] y Campos dedicara a Adolfo López Mateos. En esa primera mitad del siglo XX, de manera paralela aparecieron algunas de corte oficialista como los siete tomos de La vida en México en el periodo presidencia de…, que Salvador Novo escribiera sobre los sexenios de Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán Valdés, Adolfo Ruiz Cortines, Gustav Díaz-Ordaz y Luis Echeverría.
En la década de los noventa José Agustín publicó sus sabrosos volúmenes de Tragicomedia Mexicana, en los que tomado como testimonios algunas de las obras mencionadas, lleva un puntual registro de la vida en México entre 1940 y 1994.
Para el caso potosino menor es el repertorio, sin embargo podemos recurrir sin el miedo a ser absorbidos por la aburrición a las obras de Juan Barragán, Jesús Silva Herzog, Jorge Prieto Laurens, y Gonzalo N. Santos; esta última, por ejemplo, constituye la columna vertebral de la ya referida Tragicomedia Mexicana.
* * *
En el mismo sentido, y al margen de lo ameno o lo divertido, considero que una de las fuentes más confiables e importantes la constituye las Obras, de Lázaro Cárdenas, en las que deja un puntual registro de sus vivencias en la vida militar y política de nuestro país; estos textos fueron publicados por la UNAM dentro de la colección Nueva Biblioteca Mexicana. En el tomo dos de sus Apuntes, que contiene los años 1941 a 1956, recoge notas mesuradas sobre el proceso electoral de 1952.
Una tarde de marzo de me visitó el señor general Miguel Henríquez Guzmán y me hizo conocer su decisión de participar en la próxima campaña política como candidato a la residencia de la República y al preguntarme mi opinión, le manifesté que a la representación nacional sólo se llega por uno de dos caminos, por voluntad unánime del pueblo a tal grado que el gobierno se vea obligado a reconocer el triunfo o cuando el gobierno simpatiza con la candidatura en juego y siempre que no haya expresión mayoritaria.
El señor general Henríquez expresó que era su convicción que el pueblo respondería arrolladoramente a su candidatura, más que por propia simpatía a su persona, por el descontento que se sentía en todo el país, especialmente en los centros rurales, que se consideran afectados por la actitud del gobierno, que venía creando nuevos latifundios y concediendo granjerías y monopolios a grupos “amigos”.
Le amplié mi opinión en el sentido de que antes de comprometerse a una lucha que podía ser desigual, analizara serenamente la situación general.
Poco después partidarios de él lanzaban su candidatura, que él aceptó públicamente.
Siguió visitándome con frecuencia, conversándome del curso de su campaña y en todas las visitas que me hizo siempre encontró en mí al amigo, al compañero de armas, pero jamás recibió de mí promesas de que participaría yo en su campaña, ni llegué a estimular a ningún elemento para que se sumara a su candidatura. Amigos míos y colaboradores del gobierno que presidí fueron unos con el general Henríquez, otros con el PRI que lanzó la candidatura del señor Adolfo Ruiz Cortines, con el Partido Popular que postuló al licenciado Lombardo Toledano y otros con el general Cándido Aguilar, que retiró su candidatura.
* * *
No es necesario recordar, el triunfo de Ruiz Cortines en el proceso electoral de 1952, es importante señalar que al margen de la derrota del general Henríquez, don Adolfo desde el primer día marcó una importante distancia y una notable diferencia, del gobierno de Miguel Alemán Valdés, su antecesor.
Mucha calma, tensa desde luego, es la que ha acompañado a esta semana, pareciera que las actividades políticas se hallan en reposo, poco se mencionan las campañas de los candidatos locales a la alcaldía capitalina. Sin embargo se señala que la distancia ente Ricardo Gallardo y Xavier Nava, se acorta notablemente.
Esto desde luego, puede hacer pensar que es evidente la llegada a la alcaldía de Nava, no obstante, también puede echar a andar alguna nueva estrategia de los grupos gallardistas y afines, para operar de última hora algunos métodos que le permitan conservar la alcaldía.
La ausencia de Gallardo en el debate poco importa y aporta a su campaña, seguro es que pocos se ocuparon del evento; lo exitoso de la campaña es lo que él y sus operadores ejercen en los sectores que aportarán el voto masivo. El panismo, que apuesta al voto razonado, no tiene mayor penetración en esas áreas de la capital; sigue presente el recuerdo de la gente buena contra la gente mala.
Dicen que el arquitecto Luis Nava, fue quien dedicó en inicio sus esfuerzos a lograr posicionar la figura de su hijo en una alianza encaminada a impidiera el triunfo de Gallardo, tratando de lograr cierto entendimiento entre los candidatos opositores al perredismo gallardista, para que –como luego propuso Eduardo Martínez Benavente– se decidiera por una declinación en favor del puntero; creo, desde luego, que la negociación y mano izquierda no se le dan –por simpatía natural– al respetado arquitecto.
Así, y sin declinaciones, la batalla de la capital se pudiera pensar como de una contienda entre dos, pero es claro que el efecto Andrés Manuel pudiera fortalecer de última hora a Leonel Serrato, y de no resultar triunfador él, la fragmentación de votos entre éste y Nava, pudiera volver a encumbrar a Gallardo.
De cualquier manera, para qué apasionarnos, acá cada quién ve por el agua de su molino, y lo que ocurra nos dará lo mismo.
***
El pasado lunes el cantante Fernando el Chino González, presentó exitosamente en el Centro Cultural Bicentenario su nuevo disco A la orilla del camino (logrado gracias al generoso mecenazgo del arquitecto Eugenio Sánchez Soler), en este disco se recoge una considerable cantidad de melodías interpretadas y compuestas a lo largo de casi cincuenta años de carrera artística. ¡En hora buena maestro y que vengan otros!
Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social; disfrútenlo pero no se excedan. Tampoco se apasione con sus simpatías por los candidatos, no valen la pena.