De ética, simulaciones, prioridades del Estado… o Estado Fallido

“Me gustaría que cada vida humana fuese libertad pura y transparente”, Simone de Beauvoir

Inicio esta colaboración retomando un par de ideas de mis artículos más recientes:

En todos los ámbitos que rigen nuestra vida… aparecen los valores y está regida por ellos… proyectados en la ética y, por ende, en nuestro existir.

Los valores -cabe decir, universales-, rigen cuestiones tan básicas e innegables como la libertad, los derechos humanos, nuestra propia existencia y convivencia… además de los valores éticos, sociales, científicos, económicos, políticos, democráticos, etc.

También están asociados a expresiones, como cuando aludimos al valor de la salud, de la educación, de la economía, o el ejercicio de la política.

“Representar algo, fingiendo o imitando lo que no es”. Este es el significado de simular, según la Real Academia Española de la Lengua.

En el entorno socio-político de México es común reconocer que la simulación se vincula a nuestra peculiar cultura política, entendida como “un conjunto de significados y un sistema de valores socializados que constituyen a la colectividad en su correspondencia con la implicación de lo político”.

El Estado moderno tiene tres elementos: el humano (población), entendido como las personas que ocupan un territorio o espacio; el territorio, como el espacio geográfico donde se puede regular o ejercer gobierno sobre la población; y el poder o gobierno, como la capacidad de reglamentar la actividad de la población dentro de un territorio.

La misión primaria del gobierno es ordenar a través del poder, pero es importante que tenga congruencia, se regule en el marco de la Ley, y se oriente a conseguir el bien público. En caso contrario, eventualmente estaremos en apuros.

Estado fallido es un término polémico que califica al Estado como “débil, donde el gobierno central tiene poco control práctico sobre su territorio”; es decir, el Estado pierde el monopolio del orden dentro de sus fronteras.

También se entiende que el Estado se ha vuelto ineficaz; es decir, “tiene control nominal militar y policial sobre su territorio… en el sentido de no tener grupos armados desafiando directamente su autoridad, pero no puede cumplir o hacer cumplir sus leyes uniformemente debido a… la corrupción, un extenso mercado negro y/o informal, burocracia impenetrable, ineficacia judicial, interferencia militar en la política, grupos de poder fácticos que imponen sus decisiones sobre la aplicación de la ley, la ley misma y el interés general…”, etc.

El Fondo por la Paz publica anualmente el Índice de Estados Fallidos (Failed States Index) basándose en doce factores como la presión demográfica creciente, movimientos masivos de refugiados y desplazados internos; desarrollo desigual entre grupos; crisis económica aguda o grave; criminalización y deslegitimación del Estado; deterioro progresivo de los servicios públicos; violación extendida de los derechos humanos, entre otros (México en 2023 ocupa el lugar 85 de 179 países).

Lo citado en los tres párrafos anteriores, ¿le parece familiar a lo que hemos estado viviendo durante los últimos 50-60 años en nuestro país y en San Luis Potosí?

Evitaré fastidiar recordando hechos del pasado para ejemplificar lo dicho hasta aquí. Me limito a presentar “algunos” sucesos del ámbito nacional y local en estos últimos días, aún en evolución, y que considero de relevancia.

Choferes de transporte público asesinados en el estado de Guerrero, y homicidio de familiares del círculo cercano a la gobernadora de ese mismo estado; extorsión y despojo a pequeños comerciantes por el crimen organizado; la polémica desatada por los nuevos libros de texto -es innegable que la educación de nuestro país requiere una profunda transformación- de contenido polémico; funcionarios federales (Salud y Educación) que se niegan a comparecer ante el Senado -nuestros representantes populares- para rendir cuentas del ejercicio de su encargo y los resultados obtenidos; autoridad electoral disminuida ante los embates del Titular del Ejecutivo Federal, y de un proceso electoral más que adelantado; denuncia del ex Titular de la UIF ante nulo avance en el combate a la corrupción en el país; las grandes obras nacionales de infraestructura -tren maya el “tren de la justicia social”, según la gobernadora de Yucatán-, AIFA, refinería Dos Bocas, el canal transístmico de Tehuantepec, bajo la lupa por indicios de corrupción y ocultamiento de información con el argumento de ser de “seguridad nacional”; la transparencia y rendición de cuentas “haciendo aguas”; crisis de los derechos humanos, migratoria y del medio ambiente. En resumen: peligro por el debilitamiento del Estado y sus instituciones… ¿seguimos?

De locales menciono tres temas: crisis del agua -infraestructura obsoleta, desabasto y sin planeación a futuro-; Gobierno del Estado opaco y simulador, “entreteniéndonos” con eventos -FENAPO, festivales “culturales” y rifas- intentando ocultar su cada vez más evidente ineficiencia, corrupción e improvisación (su página electrónica completamente desactualizada y opaca), demostrando una total incongruencia, ignorancia y falta de conocimiento por la cosa pública; y el lamentable hecho de violencia en un local de comida rápida que, de no ser por la movilización ciudadana en redes sociales, el agresor seguiría prófugo… la justicia de “la chancla voladora” lo alcanzó (el que entendió el chiste, entendió).

¿Acaso estamos ante una crisis de valores, una simulación de “atención de prioridades” y un Estado que ha perdido el gobierno de su población y su territorio? ¿Llegamos al momento histórico de inflexión y relevo generacional donde es urgente repensar y actuar para la refundación de nuestro país? Para el análisis, reflexión y autocrítica.

jmanuelrm@msn.com